El mismo mar (Carlos Lapeña)

El mismo mar (Carlos Lapeña)

Categoría: La caja negra

EL MISMO MAR

Foto: Organización Internacional para las Migraciones

En la playa, de arena como polvo de oro y agua de todos los azules, los veraneantes ejercían al sol y bajo las sombrillas, jugando a palas, construyendo castillos efímeros, paseando entre la espuma derretida… De pronto, un niño —quizá una niña— llamó la atención de sus padres señalando con el dedo hacia el horizonte.

—¡Mirad allí! ¡Se está acercando!

Los padres, primero, y casi todos los veraneantes, después, observaron el horizonte. Lo que parecía una pequeña mancha oscura sometida al caprichoso vaivén de las olas, se fue agrandando, matizando, hasta convertirse en una embarcación repleta de personas… Mejor dicho, se reveló como una larga franja roja compuesta por decenas de chalecos salvavidas, enmarcada entre dos franjas oscuras, marrones casi negras, formadas por la borda de la embarcación y las cabezas de las personas que iban en ella.

Desde la playa no se apreciaba la inestabilidad ni la precariedad del conjunto, sino un lento avanzar hacia la costa en una plácida y benévola mañana de verano. Desde la embarcación la percepción era bien distinta, seguramente, y el miedo a la zozobra se amplificaba con la pavorosa mirada de los pasajeros al agua, conjurando su poder destructor sobre quienes, seguramente, no sabían nadar.

La escena, terrible y dramática en sí misma, adquirió dimensiones fantásticas cuando se tuvo constancia de que era la misma escena en los dieciocho países bañados por ese mismo mar, la misma escena con la misma embarcación acercándose y las mismas personas abordo, a la misma hora, con el mismo final incierto.


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