Archivo por meses: febrero 2019

RE-RE-RE-INICIO (David Ruiz del Portal)

Categoría: Comienzos...

Me piden que escriba algo. Algo que trate sobre el Comienzo. Y yo acepto. Entonces me digo: para que exista un comienzo tiene que haber un final. Porque sin él, sin ese famoso THE END, no puede comenzar otra película, sin el final de una temporada no puedes pasar a la siguiente.

Porque la vida es un continuo repleto de finales y comienzos. Y fíjate tú por dónde que no puede venirme más a huevo escribir sobre esto, pues mi yo anterior, ese que vivía en otro capítulo, ya no tenía ganas de hacer nada. Ni de escribir, ni de leer, ni de relacionarse. ¿Por qué? Ni idea, todavía no he hallado una respuesta. Tal vez porque sus días estuvieran contados; que estuviera cansado de actuar en la misma película, harto de caminar por el mismo sitio y no llegar a ningún lado. Harto de trabajar en lo mismo, de verse con la misma gente, de lamentarse por tocar el cielo subido a un globo que flotaba a medio gas.

Menos mal que siempre, SIEMPRE, después de cada final se da un comienzo. Uno memorable, anunciado con un rótulo luminoso y donde la música que lo acompaña está compuesta por bajos, guitarras y timbales. Un comienzo donde se nace aprendido de errores. Un principio que no es inocente ni puro, pero sí firme como las raíces de un roble. Uno que es necesario, que sirve para aceptar el final. Ese en el que toca dejar atrás malas costumbres, pensamientos y rutinas que no llevan a nada. Ese en el que toca armarse de valor para poder surcar los cielos de nuevo, inspirado por nuevas ideas, historias y proyectos, subido en un Globo al que le han insuflado el más potente de los gases.

Suena esperanzador, ¿verdad?

Un nuevo comienzo. Sí. Un inicio dentro de un montón de ellos. Un apaga la tele que ya estoy cansado y déjame dormir que mañana madrugo.

Háganme caso, yo sé bastante de estas cosas, y aconsejo que de vez en cuando pulsen el botón de RESET para que todo se vuelva penumbra antes de que regrese la luz. Sé que es necesario para que nuestras vidas fluyan, para que refresque nuestras mentes ya abotargadas, para que exista un futuro mejor. Este es el secreto (al menos el mío), para que surjan ideas. Pues como bien dijo Javier Sierra en su libro El Fuego Invisible:

Las ideas nacen de esa energía que tenemos cada uno de nosotros para conectarnos con ella durante los instantes fugaces que dura la inspiración. En ese momento surge un fuego, un ardor invisible, que te quema por dentro.

Y sólo cuando me reinicio consigo dar con esa revelación.

Así, queridos míos, escribo yo. Así regreso yo a un colectivo que fue amado en anteriores capítulos. Re-re-re-iniciado y con una maleta de ideas.

Dejen paso, otra vez, a un nuevo comienzo. Y agárrense que ahora el viaje viene con curvas.

Foto de Carlos Lapeña


Iniciación (Ismael Sesma)

Categoría: Comienzos...

Tenías quince años recién cumplidos cuando te llamaron para trabajar. Habías presentado una instancia sin mayor pretensión que poder estar ocupado durante el verano y de paso, conseguir un dinerillo para tabaco, cervezas y, si se ponía a tiro, convidar a alguna chica de tu barrio. Decías convidar y cualquiera te entendía. Ahora ese verbo está moribundo, como aquel presente, desmoronado por los años y la modernidad.

Tuviste suerte y te seleccionaron.

– El lunes comienzas, te anuncian.

Llega el día. Cambias los pantalones cortos por el uniforme: camisa, chaqueta, corbata y pantalón largo. Los primeros días el traje te parece una cárcel. Pero te acostumbras.

Cambian los compañeros. En el Instituto son todos chicos y tienen tu edad, compartís una camaradería de tribu. En la oficina encuentras personas mayores, es chocante que algunos tengan la edad de tu padre. Hablan de fútbol y de chavalas. En eso las modas no cambian, muchos años después seguirán hablando de lo mismo. Y hay alguna mujer, como una anécdota a pie de página. Cuando ellas están delante, los varones cambian su impostura y sólo hablan de fútbol.

Donde antes había profesores, tutores o jefes de estudios, ahora aparecen los jefes. La jerarquía es diferente, en la oficina lo impregna todo de forma evidente y a la vez sutil. Mejor que sea así, cuando se torna explícita, es insensible y feroz.

Hasta en casa, notas que tu padre se dirige a ti con otra tonalidad, en la que vislumbras algo parecido al orgullo de sangre y al respeto. Como si de repente hubieras entrado en otro mundo. Su mundo.

Aprecias una expectativa de universos que días antes no existían, creciendo como un gusano en tu interior. Al principio no te das cuenta, pero tu niñez quedó allí, almacenada en un cajón de la cómoda (otra palabra a punto de morir), junto con los pantalones cortos, los bocadillos de croquetas y los partidos de fútbol eternos de los sábados en el descampado.

Y pasas de niño a adulto en un suspiro. Entonces, la adolescencia era un lujo sólo al alcance de los hijos de familia bien.

Imagen de Carlos Candel



Un gran comienzo (Carlos Gamarra)

Categoría: Comienzos...

Todo lo que empieza
tiene un final
                   un amor
                             un trabajo
                                       una vida
Desde el principio
unos ojos ingenuos
de mirar triste y cariñoso
se llevaron mi alma

La noche llega
recordando el origen
que nos ha unido

Y nunca nos separaremos
porque el amor trasciende
el tiempo y el espacio

Carlos Gamarra
Febrero 2019


tedamosuncomienzo.com (Carlos Candel)

Categoría: Comienzos...

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Rueda (Carlos Lapeña)

Categoría: Comienzos...

Abrir los ojos
Cerrar la puerta
Salir de casa
Sacar al perro
y la basura
Comer sin pan
Beber sin sed
Morir un poco
Nacer de nuevo
Abrir el libro
Cerrar los ojos
mientras te beso
Manchar el blanco
Sembrar la tierra
Comprar mi alma
Morir de muerte
artificial
Nacer despacio
como quien quiere
vivir por siempre
Poner el disco
Gestar la voz
Subir al cielo
de tu sonrisa
Perder el tiempo
Romper la hucha
Ganar un premio
por existir
Quizá olvidar
Tal vez la lágrima
tras la sonrisa
y viceversa
Querer sin más
Soñar de pie
Tantos comienzos
como relámpagos
como finales
por contemplar…

Carlos Lapeña


Parto natural (Anisoara Matasaru)

Categoría: Comienzos...

Mi madre, Lilith, me parió
por la noche,
cuando suena el teléfono
el hombre provisional
me abre la cremallera
para escuchar como crece
el musgo de tierra
sobre mi lengua,
florecen las lilas
a menos cero grados.


El peaje (Ana Toledo)

Categoría: Comienzos...

El transcurrir de los días hacían que Mónica se fuera apagando poco a poco. Sin sueños, envuelta en la rutina de llevar una casa, dos niños que entran en la preadoslescencia y con un compañero de piso más que un marido, ella se dejaba llevar.

Mónica salía de trabajar a las seis de la tarde, minutos arriba, minutos abajo. Cada día en su coche veía como las luces de la ciudad se encendían teñidas de rojo, un rojo intenso provocado por los faros de freno de lo coches que formaban el atasco diario. Pero fue un martes cuando su monótona vida cambió, un aviso de accidente hizo que en plena M-50 optara por coger la carretera radial y así llegar antes a casa. Un camino alternativo, sin apenas importancia, sabía que le costaría dinero pero ese día no daba para más y pensar en el calor de su casa hacía que valiera la pena. Su primer encuentro fue fugaz, pero con solo una canción que sonaba dentro del coche y unos céntimos resistiéndose, fueron elementos suficientes para hacer que Mónica y Álvaro cruzaran una mirada que derivó en media sonrisa. Mónica no lo sabía pero ese gesto hizo que en la rotonda de entrada no le importara demasiado que un Golf rojo se le colara.

A la semana siguiente una fuerte lluvia sirvió de excusa para volver a coger la carretera R-4 alternativa. Aunque la principal razón de Mónica era llegar antes a casa no pudo evitar recordar a Álvaro, aunque para ella era el del peaje de ojos azules. Sus encuentros se fueron sucediendo durante meses y aunque Mónica nunca coqueteó con palabras, ella era más sutil, usaba la emisora o directamente CDs cuidadosamente escogidos. Pero desgraciadamente Mónica no podía ver a Álvaro todo lo que ella quisiera, cada encuentro le costaba 1,55 euros y ella, mileurista y con cuatro bocas que alimentar, tampoco se podía permitir ese privilegio diariamente.

Sin embargo, un día a las ocho y media de la mañana escuchó por la radio que se habían aceptado los presupuestos del Estado, y Pepa Bueno subrayó cómo el coste de las carreteras radiales iba a disminuir. Mónica tuvo uno de los mejores días de su vida, rebosaba ilusión, felicidad, si sus encuentros con Álvaro aumentaban, quién sabe, pero esa ilusión le había devuelto una sonrisa que pensaba perdida.

El lunes al salir del trabajo no se lo pensó dos veces, el intermitente brillaba con más fuerza, o eso le parecía a ella, y con los ojos como platos veía un cartel que ponía el nuevo precio, asumible para su economía y el precio a su nueva vida. Un folio lo anunciaba, 0,55 euros. Ahora vería a Álvaro todos los días, y los meses de miradas quedarían en la historia porque sabía que había algo entre ellos. Pero la decepción no tardó en llegar cuando vio que el puesto de Álvaro estaba cerrado. Al día siguiente La Cadena Ser lo anunciaba, los puestos de peajes han tenido que reducir el número de empleados dada la bajada de precios. Mónica nunca volvió a ver a Álvaro.


Lento en ti sostenido (Javier González)

Categoría: Comienzos...

Ir deprisa…Llegar a tiempo. Correr…Parar…Hablar, discutir, discurrir…Volver a tiempo…Decidir a tiempo. Revisar lo ya revisado…Andar lo ya andado…Pensar a tiempo…Escribir sin soñar. Ir deprisa…Comer sin mirar…despegar, aterrizar…Dormir a tiempo…cenar sin ganas…Morir sin sueños. Sumido en el vórtice de un remolino que paga las facturas e hipnotiza los sentidos.

Levante la mirada, por una vez…Levante la mirada, ¿por…? No sé. Ose a alzarla por una vez…Sin motivos…Sin pantallas azules. Sin reclamos, sin avisos. Levante…La mirada…Nada, más. Quieta, inerte, clavada en la acera que todos los días cuenta mis rápidos pasos para llegar a tiempo. Mimetizada con los postes y las farolas. Ocupando la mínima expresión de un cuadrado. Allí estaba, cuando levanté la mirada por una vez. Sus ojos claros, vidriosos y abatidos apenas parpadeaban, con ánimo de quedar para siempre fijados en el asfalto.

Levanté la mirada y las nubes testarudas tapaban el sol, excepto un rayo, rebelde, que iluminaba la mínima expresión de un cuadrado donde, quieta, inerte y clavada abandonaba los minutos de una mañana que solo tenía luz para ella. Ausente de todo mal no regalaba ni un gesto. Quise despertarla, protegerla, mecerla, pero solo pude observarla, imaginarla. Sin esfuerzo, comencé a hablarla con palabras que solo oye un sordo. Comencé a confesarle mis anhelos, mis vergüenzas. Comencé a escuchar, de sus labios sellados, frases sin concluir, poemas sin final… No sé durante cuánto tiempo… No importa, ya no importa.

Todos los días bajo por la misma acera, despacio, mirando al frente. Todos los días sueño con pararme a su lado y sentir el aire en la cara mientras la agenda se descompone. Todos los días doy gracias por su presencia, bendita culpable de que comenzara a ir despacio, a sonreír al horizonte, a vivir de detalles, a morir soñando.

Foto de Javier González


Comienzo (Rosa María Baños)

Categoría: Comienzos...

Comenzar de nuevo
Sobre lo viejo, sobre el cansancio
Intentar no mirar atrás
No sentir, no respirar
Tomar impulso, mirar al frente
Cerrar los ojos, estar presente
El tiempo pasa, la vida empuja
Un año nuevo, nuevos proyectos
De menos humos, de lenguas nuevas
De días vacíos en calendario nuevo
Lo iré llenando sin darme cuenta,
Soñando días, perdiendo noches,
Buscando risas, sintiendo miedos
El mismo vértigo, nuevo comienzo.


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