Archivo por meses: marzo 2020

Miedo, miedos (Rafael Toledo Díaz)

“El miedo que se pasa en las horas que preceden a la corrida es espantoso. El que diga lo contrario miente o no es un ser racional. Se cambia el tono de la voz, se adelgaza de hora en hora, se modifica el carácter y se le ocurren a uno las ideas más extraordinarias.”

(Texto de Manuel Chaves Nogales de su libro sobre Juan Belmonte)

No, ahora ya no, pero hubo una época en la que el personaje que nos ocupa era famoso en todo el país, protagonista en su ciudad y, sobre todo, respetado en su barrio, pero claro está, eran otros tiempos.

Actualmente su figura es anónima para la gran mayoría, sólo algunos pocos que le conocen de antaño reconocen su honestidad, aunque tampoco él ha intentado destacar más allá de reivindicar su profesión ocasionalmente y ésta ahora no anda muy prestigiada.

Aunque hace mucho tiempo que se retiró, de vez en cuando, y sobre todo al amanecer, observa que su cuerpo, a pesar de la edad, sigue siendo fibroso y esbelto. Al contrario que otros, nunca ha dejado de cuidarse pero los años han pasado muy rápido y ya nada es como era, aunque piensa que la genética también juega su partido y ha tenido suerte con esa saludable herencia.

Nuestro protagonista ha vivido su retiro saltándose todos los tópicos que rodean a su profesión y, aunque no reniega de ellos, ni los utiliza, ni los potencia ni se jacta sobre una supuesta superioridad para vencer situaciones adversas. No es exactamente un verso suelto, pero sí un tipo raro. De siempre le ha gustado leer y estar al tanto de la actividad cultural, no tiene demasiados amigos y sólo unos pocos y selectos han sido compañeros de fatigas, los demás allegados son gente de otros ambientes y que realizan otras actividades.

En su amplia vivienda en un exclusivo barrio de Madrid se pueden observar algunos recuerdos y trofeos pero, en general, y por su decoración, nadie diría que allí vive un matador de toros, una profesión que perdura en su mente aunque ya no ejerza.

No muchas, pero algunas veces intenta indagar en su pasado buscando las razones o el impulso que le motivó para emprender tan arriesgada como irracional ocupación. Quizás fue un azar caprichoso, un reto frente al miedo que supone dominar a una fiera.

De familia acomodada nunca tuvo necesidad de emprender una vida tan sacrificada y con tantos altibajos y jamás supo justificar una decisión a la que no pudo resistirse. Nadie le ayudó, pero tampoco nadie se opuso y, a fuerza de tesón, en algún momento logró ser uno de los mejores del escalafón. Tampoco eso le preocupó demasiado y, seguramente, esa peculiar coherencia le distinga del manido comportamiento de la gran mayoría de los toreros. Le gustaba montar a caballo, el campo y el ambiente de la dehesa, pero nunca ambicionó tener una finca o una ganadería. Administró con prudencia sus ganancias y la ostentación no iba más allá de disfrutar su vivienda y algunos valores en el banco, gozando con los pequeños detalles cotidianos.

A veces hacía un balance sobre su vida profesional, su gran logro había sido saber gestionar bien el miedo. El miedo era el único elemento que estuvo omnipresente siempre y en cualquier situación. El miedo a la carretera, al avión, a la enfermedad, al dolor y siempre al toro, un animal totémico que iba unido a su existencia.

Cuando se retiró tardó mucho tiempo en despojarse de la angustia que el miedo produce. Bañado en un sudor frío la pesadilla le despertaba en la madrugada, el sueño se repetía demasiadas noches y la sangre corría desbocada por sus piernas tras la cornada.

Ahora todo era distinto, había visto por los informativos el rápido desarrollo de un virus silencioso, el caso es que en las imágenes ampliadas y recreadas en la pantalla no parecían tener el peligro que anunciaban las autoridades. Eran microscópicas bolitas de esponja cubiertas por múltiples trompas cónicas, dibujos y figuras que le recordaban a los dibujos animados, pura ficción pero que tenía sobrecogida y encerrada a toda la población.

Aquella tarde el invierno daba sus últimos coletazos y, antes de anochecer, decidió sacar a pasear a su mascota a pesar de la prohibición por el “Estado de Alarma”. Atila era un minúsculo Pincher que le acompañaba en aquella vivienda, un perro limpio y listo con el que se desahogaba en los momentos de soledad.

Estaba muy inquieto y temeroso y el animal lo intuía. Desde hacía unos días le dolía la garganta, tenía una tos seca y, al anochecer, le asaltaba la fiebre. Aunque hacía muchos años que había dejado de fumar notaba que durante el paseo con Atila a veces le faltaba el aire.

Él que durante tanto tiempo convivió cada tarde con el miedo, no entendía este desasosiego frente al sordo, mudo e invisible virus. No quería obsesionarse pero tenía casi todos los síntomas y, además, su edad era un factor de riesgo. Ahora se acobardaba por lo que sucedía. Por eso se propuso no demorarse más, a la vuelta del paseo y, amparado en la oscuridad de la noche, volvería a dialogar con el miedo como en aquellas horas antes de salir al ruedo.

Fdo: Rafael Toledo Díaz


Guía de supervivencia en tiempos del coronavirus

Categoría: Blog

Mañana, 1 de abril, en pleno estado de confinamiento, comenzarán a publicarse todos los trabajos que nos han ido llegando para La Caja Negra del mes de abril. Este mes no íbamos a poder concentrarnos en otra cosa que no fuera la crisis sanitaria global que estamos viviendo en el mundo entero a causa del Covid-19.

Millones de personas encerradas es un sus casas. Algunas podrán trabajar, otras, se verán obligadas a paralizar sus actividades. Por lo que, en esta situación completamente inédita, nos hemos propuesto publicar un trabajo nuevo cada día en torno a la pandemia mientras dure el confinamiento.

Y, por ello, os animamos no sólo a disfrutarlos, sino a que vosotros y vosotras mismas los creéis y nos los enviéis a través de nuestro formulario web de La caja negra o enviándolo al correo elglobosonda@elglobosonda.es. Podéis enviar cuentos, poesías, piezas breves de teatro, ilustraciones, cómics, fotografías, vídeos, audios, artículos de opinión… y cualquier cosa que se os ocurra (dinero también, sí, aceptamos). Eso sí, todos originales y acompañados, en la medida de lo posible, de una imagen que lo ilustre, también de propiedad del autor/a.

Con todos los trabajos recibidos realizaremos, cuando todo esto pase, una publicación que llevará como título: “Guía de supervivencia en tiempos del coronavirus“. Porque, en realidad, para eso es para lo que queremos que sirva de alguna manera la caja negra de este tiempo de confinamiento, para salvaguardar nuestra mente en una etapa tan difícil para tod@s.

El orificio (Pedro Marín)

Ya no existían dioses, las religiones habían desaparecido, no eran útiles para el control de los humanos. Ni reyes, ni dictadores, ni presidentes…ningún sistema de gobierno. Sólo le necesitábamos a…


Indagación (Carmen Paredes)

Categoría: Patriarcadas

En los museos
mucho pintor y poca pintora
mucho escultor y poca escultora
En librerías y bibliotecas
mucho escritor y poca escritora
En empresas 
mucho jefe y poca jefa
En el cine y el teatro
mucho director y poca directora
En los países
mucho presidente y poca presidenta
Por las calles
pocas placas con nombres de mujer
En las aulas
mujeres muchas mujeres
Por el mundo
mujeres que viajan
mujeres que investigan
mujeres que llevan alimento y vida
a poblados enteros
En el cuento 
dónde están Caperucito, Blanconieves, Ceniciento
y el doncello salvado de las garras del dragón 
dónde el brujo engañoso
dónde Juana Sinmiedo y  La Sastrecilla valiente
dónde tarzanas   espadachinas y capitanas
Mujeres silenciadas que no derrotadas

                                                     Carmen Paredes
                                                         Marzo/2020


Libertad (Carlos Candel)

Categoría: Patriarcadas

El silencio de la casa no
es, como muchos dirán, el sabor del olvido. No pasa ni un solo día
en el que Marina no recuerde a su difunto marido. Ese silencio sabe
más a soledad, a la cruda realidad de que, en realidad, no somos más
importantes que el aleteo de una mariposa en mitad de un inmenso
campo de trigo. Estamos solos en esto, eso ya lo ya sabe Marina desde
que él murió.

Tal vez por esa razón
contrató a Amina. Se la recomendó su hija, y aunque al principio no
lo veía claro, acostumbrada como estaba a hacérselo todo ella
misma, tenía que reconocer que había sido un acierto. Aunque solo
fuera porque su deambular por la casa rompía con una sutileza
encantadora el silencio que tanto había detestado durante los
primeros años de viudedad. Le gusta esa chica. Es ordenada y muy
educada.

– Amiga, cariño, tú
vales mucho, ¿por qué dejas que alguien decida por ti?

– No entiendo por qué
dices eso, Marina.

– Me refiero a tu
velo, ¿nunca te lo quitas?

– Pues… no. Nadie me
obliga, lo llevo porque quiero.

Eso es lo que dicen
todas, se calla Marina, aunque su sonrisa le delata. Las mujeres
alienadas siempre cuidan de molestar a los hombres con sus
comentarios.

– Se lo digo en serio,
lo hago porque quiero. Es mi decisión. Mi marido no se mete en eso.

Desde el espejo del
baño, que a estas alturas es el único testigo de su vejez desnuda,
repasa los últimos vestigios de lo que un día fueron unos labios
carnosos. La ausencia galopa por el pasillo, pero eso no es razón
para seguir sintiéndose deseable. Tal vez las manchas de algunas
moras jamás terminen de borrarse, pero no por ello hay que privarse
de otras moras. También se coloca con cuidado los pechos dentro del
sostén. Hace poco más de un año entró por primera vez en un
quirófano para operarse unos pechos que habían dejado de hacerla
sentir orgullosa de sí misma.

– Y que me diga
alguien que no tengo derecho a hacerlo.

Suena el timbre. Extraño
a esas horas. Amina hace dos horas que se marchó. Tal vez se le haya
olvidado algo. Al otro lado de la mirilla reconoce el contorno
inconfundible de su hija Clara. Más extraño aún. Ella solo pisa su
casa con alevosía y premeditación. Al abrir la puerta percibe la
presión. Su hija llora desconsolada. Lo primero que pasa por la
cabeza de Marina es la posibilidad de una ruptura sentimental o un
despido fulminante. Tal y como están las cosas…

– ¿Qué te ha
ocurrido, cariño?

Clara muestra un sobre
en una mano, lo que desconcierta aún más a su madre. ¿Hacienda?
¿La policía? No se le ocurre nada en lo que su hija pueda estar
metida que le provoque tal dolor.

Coge el sobre. Lo
primero que mira es el remitente. En él hay un sello del hospital.
El corazón le da un vuelco de golpe. No puede ser. Su
hija…¿enferma? En seguida comprueba, para su alivio, que no se
trata de nada de eso. Son los resultados de unas pruebas de
fertilidad.

– No sabía que…

Clara asiente. Se le
percibe algo de vergüenza en el rostro.

– No podremos tener
hijos, mamá.

Marina sabía que
Agustín y ella llevaban tiempo intentándolo. De hecho, alguna vez
incluso bromeó con ellos sobre los riesgos de un embarazo tardío.
Pero jamás pensó que la cosa hubiera ido tan lejos. Clara nunca le
comentó nada en relación a dificultad alguna.

– Lo siento mucho,
cariño -dijo, tratando de empatizar con su hija-. Pero no te
preocupes, ahora hay muchas opciones.

Clara la miró, ojos
abiertos como platos.

– ¿A qué te
refieres, mamá? Ya hemos probado la inseminación, y no ha habido
manera.

– No, hija, no me
refería a eso. La hija de una amiga, que tampoco podía, pagó a una
chica…

– Pero, ¿qué dices,
mamá? ¿Gestación subrogada?

– Bueno, ella lo llamó
vientre de alquiler o algo así.

– Peor me lo pones.
¿Tú sabes que eso es ilegal?

– Aquí, en España. Pero en otros países… Esta chica se fue a Rumanía. Y dice que muy bien. Que la chica que lo hizo estaba encantada.¿En serio te lo has creído? ¿Cuánto le pagaron a esa desgraciada?

– ¿Y eso qué más da? Estas chicas no son unas niñas. Nadie las obliga a hacer lo que hacen. Son libres para elegir lo que quieran, ¿no crees?


Genésis (Javier González)

Categoría: Patriarcadas

DOCTOR
– ¡Muy bien!…Tome aire…fuerte…Suéltelo dentro de la
bolsa…Perfecto. Ahora relájese en el diván y cuéntemelo.

DIOS
– ¿Por dónde empezar?

DOCTOR
– Muy fácil. Por el principio.

DIOS
– Convendrá conmigo que la eternidad es un tanto tediosa.

DOCTOR
– Yo no comulgo con nada. Vaya al grano, por dios.

DIOS
– Solo quería darle un aire nuevo a mi existencia. Divertirme un
rato, olvidarme de la rutina. ¿Comprende?

DOCTOR
– Se supone.

DIOS
– Todo se complicó por un simple juego. Un poco de música. Una
luz aquí, un reflejo allá. Rayos simétricos. Me gustó y formé un
juego de esferas. Pero me fijé en una especialmente y ya no pude
parar. La di luz y tinieblas para contrastar. Como en toda fiesta que
se precie se derramó bebida y al fregar se quedó el cielo de la
esfera al descubierto.

DOCTOR
– No le entiendo.

DIOS
– A mí también me cuesta, créame. Al líquido le llamé Mar, en
homenaje a la hermana de un antiguo compañero, y la parte seca, de
cuyo nombre no quiero acordarme, la decoré con distintas hierbas. En
la hora que se me ocurrió plantarlas.

DOCTOR
– ¿Es botanofóbico?

DIOS
– No, soy adicto a sustancias psicotrópicas. Bebí y fume porque
esa es mi sal. Confieso que me vine arriba. Puse un foco ámbar y
otro azulado que iluminaban la esfera según iba rotando. De pronto
salieron miles, millones de pájaros de mi cabeza y al orinar
surgieron peces de todos los colores y tamaños. Tanto esplendor me
llevó a la gloria. De mis poros y orificios nacieron las bestias de
cuatro patas, las de cien y las de sin. Para entonces, el universo me
daba vueltas. Tantas, que las arcadas vinieron a mí a modo de
hecatombe bíblica. (Pausa)

DOCTOR
– ¿Por qué se para?

DIOS
– Hay recuerdos que me producen vacíos.

DOCTOR
– ¿Gases?

DIOS
– No. Vacíos. Como le decía, las arcadas eran cada vez más
fuertes. No tuve por más que vomitar. De entre mis despojos
biliares, afloró un bípedo y peludo hombre. Seguía muy mareado y
decidí cerrar los ojos, como siempre hago para resolver mis
problemas. Al despertar, todo había cambiado en la esfera. El sujeto
vomitado se había apoderado de los mandos y hacía y deshacía a su
antojo. Contraataqué poniendo en la esfera a un ser bípedo más
sensible, cordial y adecuado a la armonía celestial. Pero fue
demasiado tarde. El peludo se extendió como una plaga incurable y
esclavizó mi propuesta.

DOCTOR
– ¿Ha terminado?

DIOS
– Que opina.

DOCTOR
– No se alarme. Su caso no es grave. Un tiempo de Prozac y como
nuevo. ¿Un whisky?

DIOS – Con dos hielos.


Vómitos (Cuento con moraleja de Carlos Lapeña)

Categoría: Patriarcadas

Que los
acontecimientos se disparasen a partir de las conmemoraciones del 8
de Marzo, debería haber dado alguna pista sobre el origen del mal y
su tipología; pero nadie, al parecer, estableció la relación hasta
que la epidemia fue innegable.

Los vómitos
repentinos y violentos que afectaban, aunque no exclusivamente, a la
práctica totalidad de los varones mayores de 12 años, no tenían
una causa justificada. Ninguna prueba, ningún análisis, mostraba
una explicación clínica del fenómeno.

Y el registro de
situaciones tampoco arrojaba luz sobre elementos comunes o
significativos que pudiesen explicar por qué, de repente, un grupo
de cinco tíos en un bar, un par de transeúntes camino del trabajo,
un grupo de viajeros en el tren de cercanías, un conductor solitario
en su automóvil, cincuenta estudiantes de derecho en el aula magna
de la facultad…, por qué, repetimos, esos hombres en
circunstancias tan distintas vomitaban, tras una o dos arcadas, y
arrojaban lo ingerido al frente, hubiese lo que hubiese al frente,
sin apenas posibilidad de controlar la dirección o el ángulo de lo
arrojado.

En el mejor de los
casos, el vómito se producía una sola vez y el infectado recuperaba
la normalidad fisiológica; pero en otras ocasiones, en la mayoría,
tras unos segundos de extrañeza compartida, los infectados
recuperaban la actividad o conversación o situación previa al
vómito y volvían a vomitar.

Tuvieron que pasar
varios meses hasta que alguien apuntó en la dirección correcta y
dio con el motivo (y por lo tanto con la posible solución) de la
extraña epidemia. Fue, lógicamente, una mujer quien dedujo que para
solucionar el problema no había que fijarse en los individuos
infectados, sino en su circunstancia. Así, se descubrió que el
grupo de tíos en el bar estaba contando chistes, los dos transeúntes
se habían cruzado con una compañera de trabajo, el grupo de
viajeros compartía espacio con dos mujeres de raza negra, el
conductor había tenido un incidente con una conductora, los
cincuenta estudiantes estaban encantados con la catedrática de
derecho constitucional…

El informe provisional concluía: sólo hay que saber qué pasa por sus cabezas… Pero el informe definitivo fue más allá y concluyó, sin ninguna duda: no, sólo cambiando lo que pasa por sus cabezas (y algunas bocas) dejarán de vomitar.


Qué son patriarcadas (Maite Martín-Camuñas)

Categoría: Patriarcadas

Patri va por la calle y se encuentra con un zurullo, grande marrón y pastoso, y un reguero de huellas marrones partiendo de su centro, al observarlo, Patri siente que se le sube una arcada por la garganta. Eso es una Patri-arcada. Una muchacha va por la calle con una falda cortita, con vaqueros, con pantalón del chándal, contenta y moviendo sus caderas como lo que corresponde, como una mujer joven y feliz. De repente un grupo de hombres al verla, se creen con el derecho de decirla:

– ¡Ehh, tía buena, vente pá acá que te voy a dar lo que andas buscando! – ¡Acércate bombón que te la voy a meter…! – Anda guapetona, dame un besito.

Eso, eso son ¡PATRIARCADAS!

Imagen creada por Bake Gómez y Celia Vicente Avilés

Patriarcadas (Rafael Toledo Díaz)

Categoría: Patriarcadas

¡Uf! Vaya palabrejas que se gastan estos del Globosonda, rara rara, vamos que ni siquiera el ingenioso Luís Piedrahita en su espectáculo “El castellano es un idioma loable, lo hable quien lo hable” se atrevería con un vocablo como éste.

Y sin
embargo ahí vamos, intentando desafiar este reto tan caprichoso como
atrevido. De momento tengo dos posibilidades a desarrollar, y más
cuando se acerca marzo y la celebración del Día de la Mujer
Trabajadora. Por eso, y porque “patriarcadas” se parece
demasiado a “patriarcado”, voy a exponer un razonamiento
que no anda muy alejado de la realidad.

Es verdad
que el tema de la reivindicación de la mujer es delicado y debemos
abordarlo de frente y sin complejos. Ellas son tan importantes o más
que nosotros, en esta nueva sociedad las mujeres siguen siendo el
motor de muchos de nuestros roles y, sin embargo, no alcanzan las
cuotas de poder o representación que deberían. Ahora les exigimos
que además de sus habituales tareas que trabajen fuera del hogar,
que cuiden a nuestros mayores y que sigan pariendo etc… Por eso
viene a cuento separar el encabezado de este texto “patriarcas”
y “arcadas”, arcadas ante el comportamiento de muchos
hombres que no asumen a la mujer como igual, que ordenan, que
controlan, que exigen, que acosan y maltratan a sus parejas hasta
llegar al asesinato. Llevamos muy pocos meses del año y ya son un
montón de mujeres asesinadas por la violencia machista, una lacra
que no conseguimos reducir a pesar del intento con las nuevas leyes
sobre el género.

Ante esta
afrenta que nos avergüenza, la solución nunca es contundente ni
rápida, la propuesta segura para vencer esta salvaje sinrazón viene
a través de la educación. Educar en igualdad utilizando la
tolerancia, admitiendo la diversidad, respetando la libertad del
otro. No será fácil pero ese es el camino para reducir esas cifras
escandalosas de asesinatos y maltrato.

Por eso me
dan arcadas el comportamiento machista de muchos de nosotros,
angustia ante la falta de sensibilidad, ansia ante la escasez de
medidas para garantizar su seguridad. Arcadas ante la obstaculización
para acceder a los puestos de responsabilidad en las empresas o en
los estamentos públicos y vómito ante una violencia que debería
sonrojarnos.

Como todos
los vocablos, “Patriarcadas” también puede tener otros
significados diferentes pero con reflexiones parecidas. Esta palabra
podría también estar compuesta de “patria” y “arcadas”,
un tema que nos puede dar bastante juego.

Patria es un término que, según quien lo pronuncie o quien se apropie de su significado, puede muy bien definir determinadas ideologías. Primero reconozcamos que es una expresión caduca, la izquierda utiliza más la palabra “país” para definir a la nación. La derecha, sin embargo, la utiliza para sacar a relucir valores que empiezan a pasar de moda en un mundo globalizado.

En aras de
la patria se escudan algunos para seguir conservando valores de
antaño que a veces son injustos y retrógrados. Exhiben o se
apropian de símbolos y lanzan discursos sobre el territorio y sus
fronteras, sobre la familia, palabras amañadas sobre los bienes, la
hacienda y la riqueza. Luego lo mío lo tendré a buen recaudo y sólo
reparto las migajas de lo público.

Son muchos
los que se las dan de patriotas enarbolando la bandera, pero esconden
la declaración de la renta. Por eso me dan arcadas también este
fraudulento patrioterismo que insufla odio y discriminación, que
margina, que manipula y que se adueña de los símbolos de todos. La
defensa del concepto patria, nación o país siempre serán nuestras
acciones. Si somos solidarios, si somos tolerantes, si pagamos
nuestros impuestos, en definitiva si somos honrados con los demás y
con nosotros mismos tendremos una sociedad mejor.

Ya ven, una
palabra inventada y dos acepciones posibles o distintas, pero que
analizadas con sentido común nos invitan a la misma reflexión.

Fdo: Rafael Toledo Díaz



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