Tasa de carbono (Carlos Candel)

Tasa de carbono (Carlos Candel)

Categoría: La caja negra

Madrid, 20 de enero de 2045

A quien corresponda,

Cuando el gobierno impuso la famosa tasa de la huella de carbono y prohibió que una persona generase más de 2 toneladas al año pensamos que habíamos ganado, que el planeta y con él, todas las especies, incluidas las personas, estábamos salvados. Pero nada más alejado de la realidad. El problema no había hecho nada más que empezar.

Llevábamos al menos una década, desde que aparecieran las primeras calculadoras en la web, tratando de buscar la manera de controlar de manera eficiente el control de la huella de carbono de cada una de las personas. No era una tarea sencilla, pues había que tener en cuenta multitud de factores: el gasto energético de una vivienda, el número de personas que vivían en ella, el agua consumida, lo que gastaba en ropa, libros o comida una persona, el número de trayectos que hacía alguien en un año y el medio de transporte utilizado…

Todos y cada uno de los movimientos de las personas debían de ser monitorizados a través de una aplicación móvil que, tal y como sucedió antiguamente con el Documento de Identidad, era de uso obligatorio. Estos datos pasaban a una enorme base de datos y eran tratados y revisados por el Ministerio de Medio Ambiente y Sostenibilidad Ecológica. Nadie escapaba a su control, bajo la amenaza de pena de cárcel para aquellos intrépidos que desearan burlar el seguimiento de su huella. No fue fácil hacer que la población mundial se sometiera a este procedimiento, sobre todo teniendo en cuenta las dificultades con las que contaban algunos territorios. Falta de recursos tecnológicos, infraestructuras, coordinación entre ministerios… Pero la gente no tardó en hacer uso de la aplicación móvil con soltura.

Incluso comenzaron a competir unos con otros. Por supuesto, este nivel de restricciones no fue instaurado de la noche a la mañana, sino que se ejecutó de manera procesal. Primero se redujo la tasa a 5 toneladas anuales, después a 4… Y así, poco a poco, nos fueron convenciendo de que era imprescindible reducir nuestros consumos. Y, de alguna manera, nos permitían someter a nuestro criterio en qué queríamos reducirla. De esta forma, había personas que redujeron su huella de carbono aparcando para siempre su coche, pero preferían seguir consumiendo carne. Otros, dejaron de lado las compras masivas de ropa y comida, prefiriendo invertir su tasa en un viaje en avión al año.

El problema emergió cuando ni siquiera las dos toneladas de CO2 anuales eran suficientes para frenar el cambio climático. La gente comenzó a cuestionar los hábitos de sus vecinos y amigos.

  • ¿Para qué necesitas viajar en avión? El impacto es mucho mayor que el de la bicicleta -decían algunos.
  • Pero quién eres tú para hablarme de sostenibilidad, ¿acaso eres consciente de la huella de carbono que genera comer tanta carne como la que tú y tu familia consumís cada día?

No tardamos en embarcarnos en una espiral de críticas que terminaron desbordando la paz y cohesión social. Los primeros disturbios no se hicieron esperar con la llegada de las primeras sequías. Unos meses más tarde, se desató la Gran Guerra Global (GGG).

Y, ahora, estoy aquí, sentado escribiendo estas líneas frente a mi ordenador, y ni siquiera me atrevo a enviaros este email, porque su envío nos costaría 19 gramos de CO2 más y ya casi he alcanzado mi límite mensual.

En fin, qué más da… (INTRO).

¡¡¡¡HA ALCANZADO USTED EL MÁXIMO DE EMISIONES PERMITIDAS!!!!

Ministerio de Sostenibilidad y Medio Ambiente


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