Carta a los reyes (Ismael Sesma)

Carta a los reyes (Ismael Sesma)

Categoría: La caja negra

Queridas Majestades:

Lo primero, querría disculparme por la ausencia de correspondencia de los últimos años. Es bien sabido que a la entrada en la adolescencia, la mayoría de nosotros sufrimos una crisis de fe respecto de vuestros poderes, de la que la mayoría no nos reponemos jamás. En mi caso, el mandaros esta carta se sitúa por encima de la fe, más cercano a la idea de caridad con el prójimo en la que tanto me han insistido mis mayores desde pequeño y que espero que hagáis vuestra para conmigo, una vez más.

Como sin duda sabréis, el próximo 6 de Enero, vuestro día, nos reuniremos toda la familia en casa de mis padres. Como ellos tuvieron a bien tener nueve hijos, que a su vez nos hemos casado, tenido hijos, separado, vuelto a casar y enviudado, cada uno según la vida le ha ido llevando, nos reuniremos, si las cuentas no me fallan, 39 personas, niños incluidos.

En la comida estará Concha, mi cuñada. Como siempre, a pesar de que hace años dejó atrás los cuarenta estará radiante, por encima de sus líneas de expresión faciales, que disimulará con el maquillaje, y el lógico descuelgue de diversas partes de su anatomía, que remediará gracias a las habilidades de camuflaje de la ropa femenina. Aparecerá con sus ojos fulgentes, el pelo bermejo y su escote altivo: mi princesa.

Durante la comida mantendré la compostura, pero luego, cuando la reunión se relaje y los niños den rienda suelta a la expansión de su ilusión por los juguetes, me situaré en algún rincón apartado y la miraré como se mira aquello que se ansía poseer y es inalcanzable. A escondidas de todos, sobre todo de su marido, que para mayor abundamiento es mi hermano, sufriré rendido de deseo hacia mi Concha.

Por supuesto, nunca la he hecho partícipe de mi anhelo, aunque para la inteligencia femenina casi nada pasa desapercibido. Tengo para mí que ella sospecha algo desde hace tiempo y me deja hacer.

Y dado que uno va entrando en la fase definitiva de la vida, en la que los recuerdos tienen más peso que los objetivos, me atrevo a pediros algo que sólo es posible se produzca como efecto de vuestra probada magia. Os pido un empujón que favorezca el encuentro con Concha; un acercamiento íntimo que culmine en un revolcón de apoteosis (para el que creo no necesitar de vuestra ayuda) y quede ahí, como un secreto compartido entre los dos. Sin desgarros de familia, sin matrimonios rotos, sin compromisos. Un rato de solaz incomparable para el disfrute de los cuerpos.

Nada más y nada menos. En la esperanza de que vuestros probados poderes hagan posible este deseo procaz y desesperado, me despido de vosotros.


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