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Aranceles (Rafael Toledo Díaz)

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Categoría: La caja negra

¡¡Qué locura, qué barbaridad, qué desmadre!! Y así podíamos acumular infinidad de epítetos para explicar las consecuencias que provoca la palabra de moda, pues aranceles se ha convertido en un vocablo repetido hasta el infinito en estos días; un gravamen que pretende aplicar o modificar el nuevo presidente americano para defender la economía de su nación.

Este nuevo rifirrafe por la imposición de nuevas o diferentes tasas a los productos de exportación e importación viene a dar al traste con otra palabra que hace tiempo fue novedosa y me refiero al término globalización.

Reconozco que ese proceso de comunicación e interdependencia a nivel político, económico, tecnológico, social, cultural, e incluso algunos se atreven a incluir el componente religioso, abarca tanto y es tan ambiguo y difuso que en nada se parece a la concreción y el efecto inmediato que supone aplicar las nuevas tarifas de los aranceles.

Es cierto que durante el intento de homogeneizar cuestiones tan diversas hubo un cierto equilibrio en las reglas del mercado internacional, o al menos así lo hemos percibido los ciudadanos.

Pero tampoco pretendo ser un ingenuo, y por eso estoy seguro que en todo tipo de transacciones siempre hay tiras y aflojas, que la negociación igualmente genera enfrentamientos, pero antes no eran tan evidentes ni estaban cada día en las cabeceras de los informativos como ahora sucede.

En algunos momentos, y tras cada noticia, tengo la sensación de que estamos asistiendo a una peligrosa partida de póquer donde las apuestas no paran de aumentar a pesar de que algún jugador puede ir de farol. Aunque como popularmente diría José Mota: “Las gallinas que entran, por las que salen” o el acostumbrado “y tú más”. Un toma y daca que no conduce a ninguna parte. No obstante, cuando todos pierden, alguien debe estar ganando.

En cualquier caso, interpretar las cifras de la macro-economía por los profanos, que somos la gran mayoría, es imposible. Aún así, a pesar de la ignorancia, la cantidad de millones de dólares o euros que unos y otros van a ganar o perder nos abruma. Si al final permanece la idea de imponer este gravamen, todo dependerá de la balanza comercial que se tenga con el gigante americano.

Me vienen a la memoria los precintos fiscales en las botellas de licores que tratan de garantizar la calidad y el origen del producto, una medida un tanto ingenua para prevenir su adulteración o el contrabando.

También asocio de manera inconsciente la palabra arancel a ciudades o lugares que son reconocidas por el tránsito de mercancías, por fronteras o por ser puertos francos, es decir, porque tienen menor carga impositiva. Y así, en referencia a nuestro país, destacan Andorra, Gibraltar, Ceuta o Canarias y otros muchos lugares fronterizos donde el intercambio de productos es reconocido popularmente, y más en el siglo pasado.

Igualmente, y ante noticias sobre tasas, me vienen a la memoria imágenes sobre el transporte marítimo de mercancías y sus rutas tan definidas. Me desconciertan los enormes barcos cargados de contenedores que se alzan en los mares como moles gigantes que, a pesar de los recuerdos escolares sobre el “Principio de Arquímedes” y la leyes de flotación, me parece un milagro que sean capaces de navegar y no se hundan ante tamaña carga. Además, y aunque por la tele, verlos discurrir por los canales de Panamá o Suez, siempre me asombra.

También, y no sé por qué extraña razón, asocio arancel con arenque, antaño alimento recurrente de la clase más desfavorecida para acompañar algunas comidas y que hoy quizás es una excentricidad alimentaria difícil de encontrar, pero este pensamiento supongo que es un desvarío mental.

Hablo de arenques o cubanas como popularmente conocíamos en la infancia, pequeños tabales repletos de sardinas en salazón que era el método más sencillo para conservar el pescado y suponía un alimento que podía comercializarse en las colonias, o a la inversa, pues era una mercancía que soportaba los grandes trayectos sin perder sus propiedades nutricionales.

Posiblemente de ahí que las pequeñas tiendas de comestibles también se llamasen de ultramarinos o coloniales, lugares donde se vendían productos de ultramar que, tal vez, tenían gravados los aranceles correspondientes cuando eran importados de otros países que no fuesen las colonias propias.

Para terminar en tono distendido y para relajar al lector les confesaré que me apenan los escritores que consumen güisqui americano para inspirarse, porque a partir de ahora, si no se rascan más el bolsillo, sus novelas y sus escritos serán más mediocres.

Menos mal que para firmar este deslavazado e intrascendente texto apenas he necesitado aplastar una cubana con el quicio de una puerta y acompañar su degustación con un chato de Valdepeñas.


Poliedro (Carmen Paredes)

Categoría: La caja negra

POLIEDRO

en perfecto orden

y el toque justo de lágrimas

lubrica elegantes movimientos

que ocultan la soberbia

en aséptico equilibrio

hasta llegar al destino nuevo

donde lugares comunes confluyen

y en tiempo cada vez es más corto

por el desgaste

rueda como una esfera

y son ahora cóncavas

las huellas de dolor


Nuevos destinos (Sandra García Arias)

Categoría: La caja negra

Desplegué aquel mapa sobre el asiento del copiloto. Llevaba tiempo estudiando esas rutas, tipos de carreteras y lugares de interés. Había investigado las autopistas, rutas comarcales y lugares donde poder realizar las paradas para descansar.
Multitud de trazos y flechas señalaban diversos caminos, en todas direcciones.
El lugar de origen se encontraba perfectamente identificado y redondeado. Un único punto de partida, pero no lograba averiguar el destino al que dirigirme o al menos, por dónde comenzar el viaje.
Había muchos lugares que llamaban mi atención. Algunos conocidos, otros soñados, algunos inimaginados, pero en todos ellos, llegaba un punto en el que los trazos se desdibujaban, las flechas se desvanecían y las marcas anotadas se disipaban, como si el propio mapa quisiera boicotearme mi viaje.
Tal vez porque este viaje no es como los anteriores. Tal vez porque en este no basta con seguir unas instrucciones. Tal vez porque en este hay que descubrir los senderos, caminos y carreteras sobre la marcha, poco a poco, con cada decisión, con cada paso, con cada tropiezo.
El reto, mantener la calma, la mirada atenta y la mente abierta. Mover los pies para que el resto del cuerpo los acompañe y, sobre todo, disfrutar del paisaje y permitirme sentir aquello que embriague mis sentidos al bajar la ventanilla.
Tomé una bocanada de aire, cerré los ojos y tras un giro de muñeca, mi cuerpo entero comenzó a vibrar al mismo tiempo que el asiento que me sostenía. ¡Bonne voyage!

pushpin on a tourist map for travel

Nuevos destinos (Carlos Sánchez)

Categoría: La caja negra

Los pasos tiemblan sobre tierra extraña

el viento corta sombras en la bruma

un mapa roto arde entre las manos

no hay un sendero solo luz y vértigo.

.

Los rostros pasan como olas fugaces

miradas grises mueren sin reflejos

el alba estalla en páginas de niebla

nombres dispersos buscan un refugio.

.

Pero en la duda crece un fuego tenue

la piel despierta al tacto de otros aires

el miedo cede ante el ruido del eco

y un horizonte abierto se revela.

.

No hay un destino fijo en este viaje

solo el latido de un rumor eterno

las horas son raíces invisibles

y en cada paso habita lo desconocido.


Soliloquio (Ismael Sesma)

Categoría: La caja negra

No había destino en aquel embarazo, solo desatino. Destino y desatino. Desatino es desanimo. Y con tilde, desánimo. Desánimo es esdrújula. Esdrújula como espátula. Espátula es el pico de un pato. Un pato que muerde, como un perro. Perro de presa. Presa es prensa. Prensa presa no será. Será lo que quiera ser, dijo la nueva mamá a su padre, que ya fantaseaba la vida del nieto, recién llegado. Llegado es legado. Legado es legrado. Legrado es logrado.

Logrado, conseguido, llegado a meta. Meta, pues eso, meta. Meta es tema. Tema libre, dijo el profesor, que era el abuelo, acomodando los pulgares en los bolsillos del chaleco. Entre tanta liberalidad, alguno profesó. Profesó, preso de fe. Fe, virtud. Fe de erratas. Erratas son ratas enchufadas, cósmicas. Cósmicas, no cómicas. Cómicas cómplices. Los simples son siempre cómplices, pensó la mamá mirando al neonato, pero nada dijo. Pensó pero no dijo. La distancia del pensamiento al lenguaje: doblar el cabo. Geografía o milicia, planeaba el abuelo. Abuelo moderno: yayo. El yayo estaba al cabo de la calle. De cabo a cebo, de calle a calla: silencio de pescador. Abuelo y nieto gustaban de pescar en el espigón. Espigón no es espiga grande. Pescador es apóstol, casi pistola, casi pústula. Pústula es ocultación, pústula es esperanza. Esperanza era el nombre de la mamá. Esperanza y caridad. Caridad es calidad, o calidez, o claridad. Claridad de amanecida. Amanece, dicen que no es poco. Poco es copo; de nieve o de cereal. Trigo, alfalfa, centeno; usted escoja. Es coja la jota. Jota es baile, jarana, celebración del espíritu. La gimnasia fortalece el espíritu, le decía el abuelo al niño. Gimnasia y vacaciones en balneario. Balneario son aguas, descanso, guasa. Guasa es palabra antigua. Antigua de moribunda. Moribundas como damisela la madre o infante el niño. Tierno infante casi interno. Interno de internado. Internado es grupo y frialdad, castigo común. Común es corriente, habitual, normal. Allí fue el niño, lo normal en gente de bien. Bien es haz, mal es envés; ¿o quizás es al revés? Revés remite a derecho. Derecho es Derecho, mayúsculo. Mayúsculo músculo del saber. Saber es aprender. Aprender es apresar: internado, otra vez. Allí aprendió y, ya adolescente, volvió a casa. Retorno es entorno. Entorno es decorado. Decorado es falso. Falso, pero real. Real como la vida misma. La vida misma: el adolescente embarazó a la criada. Embarazo embarazoso es eco de folletín. Folletín del destino: desatino. Y vuelta a la burra al trigo.


La importancia de las decisiones (Rafael Toledo Díaz)

Categoría: La caja negra

Suelo ser cuidadoso con los libros y, por eso, procuro no arrugar las páginas, no escribir sobre ellos, ni marcar palabras u oraciones. Sin embargo, de un tiempo a esta parte, en algunos ejemplares que van a formar parte de mi pequeña biblioteca, me he animado a subrayar vocablos que me resultan extraños y frases que, sin llegar a ser lapidarias, me invitan a la reflexión.

Me viene a la memoria una novela de Paolo Giordano que leímos en el club de lectura. Me refiero a “La soledad de los números primos”. Y aunque ya no recuerdo claramente el argumento, hay una sentencia tan acertada y concluyente que no pude señalar, ni hizo falta, porque quedó grabada en mi memoria.

Y así, sobre Mattia, que es uno de los protagonistas, casi al final, el texto dice: “Sí, lo había aprendido. Las decisiones se toman en unos segundos y se pagan el resto de la vida”. Evidentemente, del acierto o del error dependen las trayectorias vitales de las personas en mayor o menor grado.

Como cualquiera, Ramiro fue eligiendo juegos, amigos, estudios y otras cuestiones relacionadas con la convivencia. Pero él está convencido de que la primera decisión importante que tomó fue durante la adolescencia.

Aunque no lo meditó demasiado, tampoco fue un arrebato. Así que, después de aquel verano, renunció a matricularse para un nuevo curso y abandonó los estudios. Pese a que era una apuesta arriesgada, en algún momento entendió que, ante un incierto futuro, debía abandonar el pueblo e irse a la capital.

Muy pronto, o mucho más tarde, tuvo conciencia de la enorme mochila que aquella determinación supuso pues, al poco tiempo, toda la familia siguió sus pasos. Ya en su época de colegial escuchaba a su madre decir a las vecinas: “Sepa Dios donde nos llevará este”. Tardó mucho tiempo en entender las consecuencias de aquella frase y una atadura de la que nunca logró desprenderse del todo.

Más tarde, otros nuevos destinos fueron impuestos por la época, y el servicio militar fue uno de ellos. Aquel soldado cruzó el Estrecho continuando una extravagante y caprichosa tradición, pues uno de sus abuelos combatió en tierras africanas, y el otro también estuvo destinado en aquella ciudad que, desde la cima del Monte Hacho, contempla la bahía de Algeciras.

Pasó el tiempo y llegó la madurez. Todavía recuerda la simple casualidad de bajarse en una parada de autobús en aquel polígono industrial; una iniciativa fruto del azar, que le supuso conseguir un empleo estable y duradero. En otras ocasiones, fue el empeño y no resignarse ante las contrariedades.

Pero, en su proceder habitual, siempre buscó el sosiego, tratando de evitar el riesgo y las emociones fuertes. A pesar de eso, comprende y asume que la vida supone recorrer diferentes caminos, buscar nuevos retos y atreverse a decidir. Ramiro piensa que alcanzar el éxito o la comodidad depende, en muchas ocasiones, de saber escoger, a veces por intuición o sopesando las circunstancias y dejando un mínimo margen a la suerte.

No obstante, en lo cotidiano y en cuanto a viajes, Ramiro reconoce tener una asignatura pendiente, porque siempre le ha costado un mundo elegir nuevos destinos. Él, que no es un tipo osado y que fácilmente se dejaba llevar, cuando se acercaban las vacaciones, lo pasaba mal. Por eso, una vez superada la época estival, respiraba aliviado.

Solo en un par de ocasiones viajó fuera del país, experiencias que quedaron grabadas en su memoria a la vez que le reafirmaron su miedo a volar. Será por eso que no comprende el turismo compulsivo y este empeño casi enfermizo de coleccionar postales de lugares exóticos. Y mucho menos entiende a sus coetáneos que han asumido esta conducta con naturalidad, tratando de generar envidias.

En estos días de invierno, Ramiro se reponía, en casa de su hija, de una fastidiosa gripe que le estaba dejando agotado. En sus noches de fiebre y delirio, ella, sorprendida, le escuchó relatar sobre un urgente viaje al pueblo, de comprar una casa con huerto y jardín, de criar gallinas y conejos. Era todo un batiburrillo de ideas campestres y románticas que no venían a cuento, pues él siempre se declaró un urbanita convencido. Además, ahora que se sentía vulnerable en cualquier conversación, reafirmaba que su lugar estaba allí, junto a sus hijos y nietos.

Era evidente que en algún momento del desvarío el subconsciente le había traicionado. En su entendimiento o raciocinio todavía quedaban posos de libertad, sueños e ideales que fue postergando durante su vida frente a un pragmatismo necesario y útil para sacar la familia adelante. Solamente el delirio podía revelar unas utopías que siempre trató de ocultar.

Ramiro, por edad, sabía perfectamente que ya no quedaba mucho tiempo para elegir o decidir otros destinos. El suyo, más pronto que tarde, estaba marcado. En el mejor de las casos, sería memoria para los suyos; y, en el peor, olvido.


Nuevos destinos (Maite Martín-Camuñas)

Categoría: La caja negra

Me hallaba en el spa del Supera, en el baño de burbujas de pies. El placer era inmenso y cerré los ojos por un momento para gozar de la experiencia. Sin saber de qué forma ni manera, mis pies se elevaron del suelo con el efecto de las burbujas. Al sentir esa ingravidez que me invadía, una gran euforia tomó posesión de mi cuerpo y de mi mente, tanto, que decidí permanecer con los ojos cerrados para recrearme en la experiencia.

Seguí elevándome en el aire, atravesé el tejado del edificio, sintiendo como me envolvía el frio aire del exterior. Me fusioné con las nubes grises, tras ellas aparecieron unas blancas bellísimas, pero yo seguía ascendiendo, saliendo de la atmósfera, la estratosfera la mesosfera, la termosfera y llegando a la exosfera… apenas en un parpadeo estaba saludando a la Luna. Emprendí camino a Marte, llegué hasta Júpiter. Sentía un pequeño vértigo al pensar en lo extraño de mi viaje, pero seguí manteniendo los ojos bien cerrados y contuve la nausea que me embargaba. De repente se acabó el tiempo de los chorros y caí en picado abriendo los ojos de golpe. Me sentí algo decepcionada por hallarme nuevamente en la piscina. Pero dispuesta para un nuevo viaje. Volví a pulsar el botón de encendido para disfrutar otro nuevo ciclo y cerré fuertemente los ojos por si llegaban nuevos destinos en este intervalo…

Imagen creada con “IA Craiyon”

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