Archivo de la categoría: La caja negra

El mar (Carlos Candel)

Categoría: La caja negra

Me sumerjo en el plácido azul del océano. Es relajante y, al mismo tiempo, inquieta. El perfil del horizonte se desdibuja allí donde se toca con el cielo. Un velero navega al fondo. Mis pies desnudos prácticamente lo tocan desde la distancia. Casí puedo oler las brasas ardiendo a tan sólo unas decenas de metros, en la barca del chiringuito. Una bebida bien fresquita y el sabor salado de las sardinas invadiendo mi paladar. El sol calienta tanto la arena que invita a taparla y darle un respiro con la toalla. Por suerte, la sombrilla me protege de la flama.
“¡Qué bien se está de vacaciones! ¡Qué maravilla poder disfrutar del mar!”, me digo a mi mismo mientras cierro la fotografía que la aplicación de imágenes me invita a rememorar de las vacaciones del año pasado.

Y cambio fotografía por ventana, playa por ciudad, vacaciones por… esto.


El ritual (Eva Soria)

Categoría: La caja negra

Las 8.30 de la mañana. Una suave brisa con olor a café entra por la ventana de la habitación de Emma acariciando su rostro. Empieza el rito diario de cada mes de agosto. Aseo, desayuno, limpieza de la casa y los preparativos de playa. En el bolso de paja: la toalla, la crema solar, la botella de agua, las gafas de sol, el sombrero, el monedero, el móvil y la lectura.
Se dispone a salir por la puerta abierta de par en par ofreciéndole, como cada mañana, el km 0 del recorrido diario, que podría hacer con los ojos cerrados. Después de 10 minutos de pasos autómatas llega a una extensa pradera de arena y juncos.
Hay poca gente, ¡suerte! “ -piensa, mientras ojea una pequeña duna donde observar sin ser vista, escuchando de fondo el susurro sin descanso del mar.
Extiende la toalla, se pone las gafas y el sombrero, se embadurna con la crema solar, saca el libro y cuando se dispone a sumergirse en este otro mar de letras, una silueta sombrea por un instante el cuerpo de Emma.
Buenos días, señorita, disculpe”. Emma levanta la vista y descubre ante ella a un chico moreno, corpulento , vestido con una camiseta blanca, unos pantalones cortos y azules y unas deportivas.
Buenos días… ¿sí…?”, responde sin saber muy bien las intenciones del chico.
Le recuerdo que desde ayer el uso de la mascarilla es obligatorio en toda la provincia y en los espacios públicos, por favor, sea tan amable de ponérsela, sino me veré obligado a multarla y son 100 euros”
De repente una nube le quita el protagonismo al sol cegador de media mañana.
Perdone, no lo sabía. Ahora mismo me la pongo.” , contesta mientras las huellas de las zapatillas blancas de deporte se distancian de su toalla.
Emma, contrariada, rebusca en su bolso.
¡Vaya, la he olvidado!”, susurra. Con gesto preocupado, se levanta, recoge sus cosas y desanda el camino. Al llegar a su casa recuerda que en el cajón de la mesilla de su habitación hay un paquete. “A partir de ahora tendré que dejar el paquete de mascarillas junto a la crema solar, la lectura, el móvil, las gafas de sol, el sombrero, el monedero, la botella de agua y la toalla
De vuelta a la playa, sombrillas de colores, niños gritando, cometas de formas caprichosas danzando al ritmo impuesto por el viento, familias con mesas de camping preparando el almuerzo.
¡Mierda!, me quitaron el sitio”. Mientras a lo lejos se escucha una voz entrecortada por el grito de las olas golpeando la orilla marina.
Juan, haz el favó, ponte la mascarilla”.



Vacaciones (Carlos Lapeña)

Categoría: La caja negra

Este verano

me he traído el mar a casa.

Lo he colocado en el salón

con un poquito de arena,

a merced de la brisa que lo mueve

por las ventanas abiertas.

El oleaje doméstico

acaricia mis pies descalzos,

mientras espero el sueño

de la siesta en el sofá.

De vez en cuando,

una gaviota cruza

el cielo de mi frente

con su elegancia habitual

y me recuerda que este año

no podré despotricar

contra el barullo de los niños

y sus juegos en la orilla.

Quién me iba a decir

que los echaría tanto de menos.

También he traído

la montaña a casa.

La he puesto en la cocina,

entre el horno y la nevera.

Allí crecen frondosos bosques

y corren libres manadas

de caballos salvajes

ajenos a mi presencia.

Por las noches, el techo

se tachona de estrellas

y el búho real pulula incansable

entre vasos y porcelanas.

Tumbado sobre la hierba

cuadrada del piso,

disfruto de un silencio

pacífico y nuevo.

El resto de la casa

se mantiene igual que siempre

por tazones obvias.

La alcoba es siempre territorio

de la evasión, como el cuarto de baño

lo es de la necesaria rutina.

No conviene hacer de las vacaciones

un estado de evasión

sin referencias y anclas.


Vacaciones en mi sofá (Antonio de la Fuente Arjona)

Categoría: La caja negra

(La familia de GRETA descansa sobre el viejo sofá del salón: la MADRE lee un periódico, el PADRE ve la televisión, TOM dormita echado sobre sus padres, y GRETA, sentada a los pies del sofá, juega con la play. El sol de una radiante tarde de Agosto se cuela a trozos por las persianas de la ventana. Un ventilador, casi pegado al sofá, refresca algo el ambiente. Solo se oye el sonido del televisor y los ruiditos de la play. Pero de pronto un reloj, en algún lugar de la casa, marca las siete de la tarde. Todos dejan lo que están haciendo y prestan atención al aviso del reloj. Hasta TOM se despierta.)
MADRE: Es la hora.
PADRE: (Apagando el televisor con el mando.) Sí, ya es la hora.
TOM: (Saltando del sofá al suelo, muy animado.) ¡Greta, ez la hora, ez la hora!
(TOM, el pequeño de la familia, tiene una manera curiosa de hablar, convirtiendo en z las eses que pasan por sus labios.)
GRETA: Sí, Tom, nos vamos.
MADRE: ¡En marcha!
(Todos se ponen en pie y, muy dicharacheros y algo apurados, camina cada uno hacia su habitación.)
PADRE: No os olvidéis nada que una vez en marcha no podremos volver.
(TOM y GRETA han salido por una puerta y sus padres por otra. Ahora solo oímos sus voces hablándose de una habitación a otra.)
TOM: ¿Mamá, puedo llevar a mi Tigre Tigrozo?
MADRE: Por supuesto, Tom.
PADRE: Greta, no te olvides del mapa.
GRETA: Ya lo tengo, es lo primero que he cogido.
MADRE: ¡Y la brújula!
GRETA: ¡Es verdad!
MADRE: ¿Llevo unas galletas para el camino?
TOM: ¡Zí, laz de chocolate!
PADRE: Coger solo lo imprescindible, que en el barco tampoco tenemos mucho espacio. (Saliendo de la habitación. Viste unos pantalones cortos, una camiseta a rayas, un gorro de marinero, y… ¡unas barbas hechas de lana!) ¡Pues yo ya estoy!
TOM: Y nozotroz también.
(TOM y GRETA también se han disfrazado de marineros. Pero TOM además carga con su tigre de peluche, lleva una espada de plástico al cinto y GRETA le ha pintado bajo la nariz unos bigotes muy elegantes.)
PADRE: Tom, me gustan tus bigotes.
GRETA: (Riéndose al ver a su padre.) Pues tus barbas son de risa.
MADRE: (Vestida con una camisa larga, unos pantalones negros, un gorro hecho de papel, y… ¡un parche en el ojo izquierdo!) ¿Qué tal estoy?
TOM: Mamá, daz un poco de miedo.
MADRE: Es lo que tienen los piratas.
GRETA: (Corriendo hacia el sofá.) ¡Tripulación a bordo!
(Y la familia al completo se sube al viejo sofá.)
MADRE: ¡Soltar amarras! (La MADRE maneja el timón, una escoba colocada sobre el brazo del sofá.) ¡Izad la mayor!
PADRE: Sí, mi Capitana.
(Y el PADRE, ayudándose del palo de la fregona, despliega una sábana a modo de velamen que ya se hincha con el aire del ventilador.)
GRETA: (Situada en la proa de tan singular embarcación.) ¡Rumbo al horizonte!
TOM: (Muy preocupado de que su tigre de peluche no se caiga al agua.) Mamá… (Rectificando.) Digo, Capitana, ze me olvidaron las paztillaz para el mareo, y ya zabez que a Tigre Tigrozo le azuzta un poquito el mar.
PADRE: (Tranquilizándole.) No te preocupes grumete que no creo que hoy haya tormenta.
MADRE: Además nuestra travesía será corta, tenemos viento a favor.
GRETA: ¡Y los delfines nos guían! (Señalando hacia su derecha.) ¡Mirad a babor!
TOM: (Asomándose.) ¡Cuántoz delfinez!
PADRE: Son preciosos.
(Y mientras los demás observan a los delfines, TOM divisa algo en el horizonte.)
TOM: ¡Tierra!
MADRE: (Sorprendida.) ¿Tan pronto?
TOM: (Señalando.) Zí, allí, parece una izla, ¿no la veiz?
GRETA: (Con una mano sobre los ojos para protegerse de los destellos del sol.) ¡Sí, yo también la veo!
MADRE: ¿Dónde?
PADRE: A proa, Capitana. Nuestro grumete tiene vista de águila.
MADRE: Y yo me dejé las gafas en casa.
TOM: ¡Todo recto, Capitana!
MADRE: Está bien, fondearemos en la playa.
PADRE: Greta, no te olvides del plano y la brújula.
MADRE: ¡Arriad las velas!
PADRE: (Recogiendo la sábana y el palo de la fregona.) ¡A sus órdenes!
MADRE: ¿Quién será el primero en pisar tierra firme?
PADRE: Yo creo que el honor le corresponde a nuestro grumete, que fue quien avistó esta isla.
TOM: (Como pidiendo permiso.) ¿Puedo?
MADRE: Pues claro, adelante.
(Y TOM de un salto baja del barco a la playa. Y tras él, GRETA y sus padres.)
TOM: (Mirando a un lado y a otro.) Parece una izla dezierta, ¿verdad?
GRETA: Justo la isla que estábamos buscando.
PADRE: Veamos que dice el mapa.
GRETA: (Desplegando el mapa y leyendo.) Desde la playa dos pasos al norte, tres zancadas al sureste y dos saltos al noreste. Bajo el árbol seco está el tesoro.
MADRE: ¡En marcha! Busquemos ese árbol seco.
(Y ayudándose de la brújula siguen el recorrido marcado por el mapa hasta
encontrarse con… ¡un perchero!
)
TOM: ¡El árbol zeco!
PADRE: Pues sus raíces guardan el tesoro que buscamos.
MADRE: (Sacando del bolsillo un cucharón.) Dejadme a mí, que vengo preparada para estos menesteres. (Y empieza a cavar.) Menos mal que la arena está blandita. (Hasta que la pala choca con algo duro.) ¡Aquí está!
GRETA: ¡El cofre del tesoro!
(GRETA recoge el cofre y lo muestra… una pequeña caja de zapatos. La familia se acerca expectante. GRETA abre la caja y TOM, no pudiendo contener su impaciencia, mete la mano y saca el tesoro. ¡Un libro!)
TOM: ¡La izla del tezoro! ¡Ez el libro de “La izla del tezoro”! (Y corre de nuevo hacia el sofá, se sienta en el centro y llama a los demás.) ¡Vamoz!
MADRE: ¿A quién le toca leer hoy?
GRETA: A papá.
(Y todos se sitúan en el viejo sofá como al principio de la escena.)
PADRE: (Cogiendo el libro de manos de TOM.) A ver por dónde íbamos… (Busca la página y empieza a leer en voz alta. La MADRE saca las galletas de chocolate y las reparte. Comen en silencio, muy atentos a la lectura mientras la luz del día se despide lentamente…)

Ilustración de Mariano Martín

Cajas de colores (Javier González)

Categoría: La caja negra

(Una pareja cualquiera, en una casa cualquiera de una ciudad cualquiera de un país cualquiera en un continente a elegir)

EL – ¿Has repasado la lista?

ELLA – Llevo tres meses estudiando punto por punto la maldita lista.

EL – No maldigas a quien vela por ti.

ELLA – ¿Que no qué?

EL – Maldices la lista. Mi lista. La misma que tan concienzudamente elaboré para salvaguardar nuestra felicidad.

ELLA – Imagino que has ensanchando unas cuantas tallas después de soltar la frasecita.

EL – Sabes, tan bien como yo, que es la mejor manera de disfrutar de unas merecidas vacaciones. Alguien tenía que ocuparse y yo realicé el esfuerzo.

ELLA – A veces creo que…

EL – ¿Qué? Vamos suéltalo. No dejes en cuarentena lo que piensas. Contenerse produce hiel.

ELLA – Y atracarse de chacras provoca indigestión mental. Empecemos a cargar antes de que me arrepienta.

EL – ¿Insinúas que…?

ELLA – Oh, por dios. Cállate de una vez. Ya tienes tu lista ¿no?, pues comienza por el principio y no hables más.

EL – Como ves he dejado todos los elementos a transportar colocados en grupos. Yo voy enumerándolos y tú los vas metiendo en las cajas de colores que he dispuesto para cada uno de ellos. Luego las introducimos por escala cromática en el maletero. ¿Alguna duda?

ELLA – La existencia de dios. La monogamia. El destino. ¿Qué hago aquí? Mil dudas que a buen seguro tu lista no va poder contestarlas. Qué va primero.

EL – Caja roja… Paquete de cien mascarillas reutilizables. Cuatro botellas de litro de gel hidroalcoholico , cinco aerosoles desinfectantes. Diez juegos de gafas protectoras sin graduar. Quince cajas de guantes desechables. Cuatro termómetros de precisión. Desinfectante de suelas. Cuatro trajes EPI completos para caso extremo de desalojo grave. Dos toallas de tres por tres metros para asegurar el distanciamiento adecuado. Diez paquetes de toallas de playa desechables. Dos caretas de buzo completas para bañarnos con seguridad y un detector de virus de gama alta.

ELLA – ¿De cuántos colores se compone la expedición?

EL – Tenemos la caja roja, la amarilla, la verde, la azul, la siena, la naranja, la morada, la rosa y la turquesa.

ELLA – ¿Sabes?

EL – Soy todo oídos.

ELLA – Que ante semejante avalancha de cajas, no veo sitio.

EL – Esta todo estudiado al milímetro. No cabe la improvisación en esta aventura. Nada sobra y nada falta.

ELLA – Sí que sobra.

EL – ¿El qué?

ELLA – Yo.

EL – ¿Tú?

ELLA – Vete solo. Tienes mi bendición. No temas, podré soportar tu ausencia. Disfruta de tus vacaciones.

EL – Es normal que el estrés vivido estos meses te haga decir barbaridades. Sabes de sobra que son nuestras vacaciones.

ELLA – ¿Vacaciones? ¡Los cojones! (Se va dando un portazo) (Vuelve de nuevo) Y si cuando vuelvas no estoy, no me busques, estaré infestada hasta las tetas. (Ahora se va definitivamente)


Verano 2020 (Maite Martín-Camuñas)

Categoría: La caja negra

(Haiku de compromiso)

Con mascarilla

confundo por la playa

a todo el mundo.


Vamos, Lapeña (Carlos Lapeña)

Categoría: La caja negra

—Vamos, Lapeña, sin dramas, que nos conocemos de sobra. Tiene el mar a cien metros, una playa estupenda, de arena fina y agua clara, apenas conocida y poco concurrida; un chiringuito inmejorable, con su cerveza preferida y sus tapas y su música al atardecer… Y el apartamento, qué voy a contarle, usted mismo nos lo ha repetido mil veces, con wifi y aire acondicionado, televisión de cuarenta y tres pulgadas, menaje con todo lo necesario para sentirse como en casa… mejor que en casa, en la casa soñada, ¿verdad? Y ya sabe lo agradecidos que estamos mi esposa y yo por habérnosla ofrecido el verano pasado… Posiblemente salvó nuestro maltrecho matrimonio, cojones… No lo olvidamos, lo sabe. Por eso no debe pensar lo que no es. Teletrabajar desde ese lugar es un chollo, por mucho que usted crea que me ahorro en equipo, energía, espacio y esas cosas. En unos momentos en los que lo más importante es sobrevivir y salir a flote, usted tiene la suerte de contar con un paraíso particular desde el que ofrecer lo mejor de sí mismo, como siempre ha hecho, lo sé. Puede trabajar y disfrutar a la vez, piénselo. Muchos querríamos estar en su lugar… sobre todo los despedidos, pobres… Vamos, Lapeña, firme y váyase tranquilo. Ya le avisaré cuando sepa la fecha de regreso a la normalidad…


Este año, sí. (Ismael Sesma)

Categoría: La caja negra

Uno de Septiembre. En la pausa para el café, después de las vacaciones, Toño da la palabra a Sara con un golpe de mentón.

– Yo he hecho un crucero por el Danubio. Ideal chicos, diez días sin dar golpe, viendo la cuna de la verdadera Europa. Y por la noche, acunándome con Roberto -ríe por el juego de palabras y asoma una cara de sencilla felicidad-. ¡Siguiente!

– Yo he estado en Mongolia -Lupe, la del laboratorio ha cogido el testigo- siguiendo la ruta de los pastores nómadas. Una experiencia -abre mucho los ojos- total. Viven con todo encima, de un lado para otro y no parecen añorar nada; sonríen por cualquier cosa, parecen felices.

– Nosotros hemos pasado dos semanas en Cancún -tercia Nacho al tiempo que exhibe sus brazos cobrizos por el sol-. Yo hubiera preferido ir a República Dominicana, pero Piluca se empeñó y, la verdad, no me arrepiento de haberme dejado llevar. Playa, mojitos y alguna visita cultural, para desengrasar.

– Pues yo he estado en el Ártico, en un crucero organizado por una empresa noruega -Toño está exultante-. No os podéis imaginar aquello. El color del cielo, la claridad del hielo los días claros, los animales. ¡Parecía que estaba en otro planeta!

Habría unos segundos de silencio. Toño le preguntaría con retranca gallega:

– Pedro, ¿tú dónde has estado?

Y todos pondrían cara de condescendencia. Era un ceremonial que Pedro aceptaba porque sabía que Toño, aparte de un pedante incorregible, era un buen tío. Y el resto, también; modernos, pijos, superficiales, pero buena gente.

Esta vez, se relamió al imaginar la ronda de las vacaciones. Si nadie la comenzaba, ya se encargaría él de hacerlo. Anticipó sus caras de envidia; este año sí. Con muchas fronteras cerradas y el miedo cabalgando a sus anchas por el mundo, pasar Agosto en aquella casa heredada por su mujer en un pueblito de la montaña leonesa, aislado y a salvo de contagios, era la panacea, el no va más.


Remdestribuir, la solución a nuestros problemas (Carlos Candel)

Categoría: Noticias Falsas

Un numeroso grupo de multimillonarios dicen haber dado con el método eficaz para luchar contra el Coronavirus. Han creado una plataforma a nivel mundial que han llamado “Remdestribuir”, con la que aseguran que acabarán con ésta y cualquier otra pandemia que nos amenace en el futuro. “La pandemia nos ha hecho comprender que somos seres ecodependientes y que para mirar al futuro cercano sin miedo lo primero que debemos hacer es proteger nuestro medio ambiente”, aseguran. Y para ello, la solución que plantea esta organización de multimillonarios, que cada vez es se va haciendo más grande, es donar gran parte de sus riquezas para la creación de un Estado Global que distribuya el dinero de forma equitativa en todas y cada una de las poblaciones del mundo.

No se trata de un plan sencillo. De hecho, para elaborar el Plan de “Remdestribuir” ha intervenido un numeroso grupo de personalidades del mundo de la ciencia, expertas en ámbitos como las matemáticas, la física, la zoología, la medicina… y también en disciplinas como la educación, la psicología, la geriatría… Incluso se ha diseñado un complejo algoritmo que determina la aportación necesaria de cada una de estas personas ricas al proyecto en función de sus riquezas.

Nosotros ya tenemos todo lo que necesitamos…”, asegura su portavoz que prefiere seguir en el anonimato para no dar publicidad a sus conocidas marcas, “…es el momento de hacer algo por nuestra sociedad, de entender que las empresas no están para ganar dinero, sino para mejorar el mundo que nos rodea. Y, al fin y al cabo, buena parte del dinero que hemos ganado, ha sido gracias al sudor de mucha gente, ¿cómo no vamos a colaborar en estos tiempos?”, finaliza.

El Plan de “Remdestribuir” tiene un poderoso objetivo, que es poner sus riquezas al servicio de la gente para reforzar los sistemas públicos, de manera que durante el año 2021, se paralice la producción mundial. “Queremos pararnos a pensar, con calma, cómo hacer para transformar nuestro modelo de producción, y sabemos que el dinero que hemos acumulado puede hacer que la población mundial se vuelque en la búsqueda de soluciones. Es ahora o nunca. Estamos convencidos de que en un año seremos capaces de encontrar las fórmulas para reinventarnos y luchar juntos contra una de las amenazas más graves a las que nos vamos a enfrentar, de mucha más envergadura que el coronavirus, que además está vinculada: la crisis climática.”

La noticia ha sido muy bien acogida por la mayor parte de los Estados, que han decidido ponerse a trabajar codo con codo para diseñar estrategias coordinadas de cara a mejorar el futuro de cada uno de los habitantes de nuestro planeta. “Esto probablemente nos lleve a reducir la pobreza en el mundo…”, comunican desde la co-presidencia de una comisión mundial que se ha puesto en marcha desde el primer minuto. “Los cálculos indican que podemos reforzar los sistemas públicos para garantizar el bienestar de todas y cada una de las personas que formamos este mundo. A cambio, sólo les pedimos que busquen soluciones, nada más”.

Esperemos que todo esto sea cierto.


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