Archivo de la categoría: Erecciones generales

Disfunción electil (María Teresa Fernández)

Categoría: Erecciones generales

¡Qué pereza!, ¡Qué aburrimiento!, ¿Hay que hablar del falo? O-T-R-A V-E-Z F-A-L-O-C-R-A-C-I-A A-L P-O-D-E-R, O-T-R-A V-E-Z F-A-L-O-C-R-A-C-I-A A-L P-O-D-E-R, O-T-R-A V-E-Z F-A-L-O-C-R-A-C-I-A A-L P-O-D-E-R.

¿Vamos a tener que contemplar quién la tiene más larga? ¿Quién los tiene más gordos? ¿Quién hace alarde de poder? ¿Quién recrimina a los demás candidatos el estar más cerca de conductas (mal) asociadas a lo femenino?

Porque lógico que en un sistema ideado por hombres, para hombres, lo último que se querrá ser es mujer. Cuanto más alejado de eso mejor. ¿No creen?

Pues siendo así, ¡Que sigan las apuestas! Porque aquí no hay coito, sino 1 contra 1 o contra 5. Que esta paja se la hagan solos. Porque aquí las mujeres y los niños no van primero. Solo hombre occidental homo o hetero, mirándose lo suyo, un poco por debajo del ombligo, y de reojo la del vecino, por si le mide más. Ya tu sabes.


Imprevistos (Javier González)

Categoría: Erecciones generales

Entró en el cuarto de baño con las mejillas arreboladas. Durante tres semanas había estado expuesta a cada una de las miradas que escrutan todos los recovecos de la ciudad. Carteles con su faz tersa atravesada por una sonrisa de colección inundaban paredes, vallas y farolas. Su anonimato se había esfumado para siempre. Solo el fracaso la devolvería a la irrelevancia. El tiempo de urnas abiertas tocaba a su fin. Su suerte estaba echada. En la sala de operaciones aguardaba el ejército de militantes y asesores para comenzar a cuantificar el éxito. Era la favorita en todos los mentideros. No había un solo sondeo, encuesta o baremo que no la alzase con la victoria. Echó el pestillo de seguridad al cerrar la puerta. Clavó sus ojos en el espejo. Abrió a tope el grifo y con sus manos en forma de excavadoras inundo su rostro acalorado. Cerró los ojos. Respiró hondo varias veces seguidas buscando la armonía en su pulso acelerado, cuasi lascivo. Volvió a mirarse fijamente. Dejó que el silencio hiciera el resto, pero apenas unos segundos después, la imagen que la dejó sin habla y provocó su huida al aseo, bajo la mirada desconcertada de los presentes en la sala, se había pegado a ella como un sanguijuela hambrienta. Llamaron a la puerta. Se excusó tres veces. No podía salir de su refugio. La preocupación se adueñó entre sus fieles. ¿Cómo borrar de su cabeza semejante impresión? Era, sin duda, el peor momento, para poner en órbita los deseos. Siempre gustó de erecciones recias, pero aquella que le asediaba por sorpresa era de un calibre inusitado. Las preguntas volaban por la sala, cuando decidió acabar sin contemplaciones con el problema. Volvió a cerrar los ojos. Bajó sus manos hasta su clítoris sediento de pasión y comenzó a masturbarse con ritmo creciente, dejando fluir sin censuras la visión de aquella erección tan sublime. No ahorró en gemidos. Disfrutó con la habilidad de sus dedos y descargó sin tapujos un orgasmo reconfortante y clarificador. Lavó sus manos y su cara y se dispuso a entrar de nuevo al mundo que la esperaba con cara de sorpresa para celebrar su triunfo en las elecciones generales.


Gatillazo general (Carlos Candel)

Categoría: Erecciones generales

La miro detenidamente. Casi siento vergüenza por su flacidez. No me hace sentir seguro, ni capaz, ni ilusionado. Hace muchos años que ya no es lo mismo.

Recuerdo las primeras veces. La acariciaba nervioso antes de introducirla en la ranura. Pensaba, pobre de mí, que aquel vigor, aquella sensación de comerme el mundo con ella entre mis manos, duraría para siempre. Entonces no me importaba que cualquiera pudiera verla, me sentía orgulloso de ella. Nada podría con nosotros. Cuando estaba listo, la enfundaba con rapidez, y me disponía a penetrar el mundo con ella. Casi podía sentirla palpitar en mi mano, tan plena como una primavera desbordante de semillas listas para germinar en cada pequeño recoveco y cambiar este puto mundo.

Ahora pienso que era un poco ingenuo por pensar que aquella erección mental mía no duraría para siempre. Por eso, hoy, con cuatro elecciones generales a mis espaldas, ya no siento aquella potencia en la papeleta. Ahora la miro con desgana, dudoso, y apenas tengo el ímpetu necesario para introducirla en el sobre y meterla en la urna. Ya no saco pecho. La cojo disimuladamente para que nadie pueda verme.

Creo que este año volveré a tener un gatillazo en toda regla, y creo que no me equivoco cuando pienso que va a ser general… (y no lo digo por lo de las armas, eso espero)

Y, para finalizar, me gustaría compartir con vosotr@s unos versillos libres, al hilo del tema en cuestión:

Votan…
Votan…
Mis pelotas.


¡Vota! Drama electoral mudo en un acto y tres finales (Carlos Lapeña)

Categoría: Erecciones generales

Para leer escuchando Maple Leag Rag, de Scott Joplin:

Él, apuesto y elegante, visiblemente satisfecho de sí mismo, se acerca al colegio electoral. Las paredes de los edificios próximos, por donde camina, están empapeladas de carteles con su rostro y la leyenda “¡Él, presidente!”.<
El colegio está concurrido, pero a medida que Él avanza, los demás votantes se hacen a un lado, de modo que consigue situarse ante la mesa sin tener que esperar.
Estrecha la mano de las componentes de la mesa, todas mujeres, y los interventores y apoderados. Entrega a la presidenta su carné de identidad. La presidenta lo lee en voz alta y todos buscan y marcan en sus listados. Los demás votantes observan atentos.
Él, siempre sonriente, saca del bolsillo interior de su chaqueta un sobre. A una señal de la presidenta, introduce el sobre en la urna.
Apenas ha entrado, el sobre sale disparado del interior de la urna. La urna lo ha expulsado. Él, los ojos muy abiertos, tarda en reaccionar. Uno de los interventores toma el sobre del suelo y se lo entrega. Murmullos entre los testigos.
Él vuelve a introducir el sobre en la urna, pero es expulsado de nuevo.
Sonrisas.
Él, visiblemente contrariado y receloso, repite la acción, con idéntico resultado.
Risas.
Él se enfada e increpa a la mesa.

FINAL 1º

Él, resignado, desiste. No vota. Se va.

FINAL 2º

La presidenta de la mesa, le indica que se desnude. Él se extraña, duda, pero bien por la presión del grupo, bien por el despertar de su instinto exhibicionista, se desnuda completamente. Mesa, interventores y ciudadanos comentan su desnudez, señalando, comparando, incluso palpando… Él desnudo vota con éxito.

FINAL 3º

Él se irrita y gruñe, grita, increpa a la mesa. Las componentes de la mesa, sin perder la compostura, hacen una señal a los interventores. Todos se levantan, se acercan al nombre, lo rodean. Los ciudadanos se suman.

Cuando se desbarata el tumulto y se abre el círculo, Él ha desaparecido y en su lugar aparece un niño que, ahora sí, aupado por la presidenta de la mesa, introduce su voto en la urna, ante la aprobación de los presentes.

Carlos Lapeña Morón, 2019



La píldora multicolor (Rafael Toledo Díaz)

Categoría: Erecciones generales

La primavera llegó con elevados índices de contaminación atmosférica y un alarmante aumento de alergias en la población y, además, una nueva convocatoria electoral.
Pero apenas nada de esto le importaba a “Julito”. Él acababa de jubilarse y estaba abrumado por el cambio de ritmo en su vida diaria, lentamente trataba de acomodarse. De momento acababa de dar de baja su último coche y se había sacado la tarjeta dorada. Además estaba intentando dejar de fumar, de momento había conseguido bajar poco a poco el consumo a cinco cigarrillos diarios.
Lentamente estaba desconectando de su pasado trabajo, ya no soñaba con la fábrica y cada vez tenía menos noticias de los compañeros que allí se quedaron. Ahora su nueva prioridad era conectar con los socios del hogar del jubilado, acomodarse a sus conversaciones y hábitos a través de eternas partidas de cartas.
No, no era fácil integrarse en aquella tribu a pesar de tener en común todo el tiempo del mundo. Debía aprender los guiños y los tics para no cagarla con su compañero de mus, calcular cuántas fichas de dominó faltaban por poner para poder cerrar. Pero lo que más le costaba era defender a su “Atleti” a pesar de los buenos resultados en la liga.
Pasaba unas horas cada mañana en aquel centro cercano a su casa, un lugar acogedor en invierno y seguramente fresco en el verano. Aquella jornada, la luz traspasaba los cristales del espacioso salón a través de los visillos, se estaba bien allí, un lugar acogedor donde el café y los vinos eran más baratos que en los bares del barrio. Pero, a pesar de todas las ventajas que le ofrecía aquella institución, a”Julito” le costaba aprender los nuevos roles. Echaba de menos las buenas conversaciones, allí casi todo era rutina y trivialidad, partidas y periódico ocupaban su tiempo de ocio.
Sin embargo, aquella mañana de primavera fue diferente, extraña, dos nuevos socios acudían al establecimiento y entre presentaciones surgió la charla y el diálogo.
Por edad determinaron ser hijos de la Transición, reconocían estar descolocados generacionalmente. Lo que si era cierto es que todos ellos habían sobrevivido a mil batallas y unas cuantas crisis económicas y laborales.
Los tres coincidían en su desánimo frente a las convocadas elecciones, ellos que siempre fueron fieles votantes, que celebraron el fin de la dictadura y se esforzaron para cambiar el país. Ahora, aunque permanecían atentos a cualquier noticia u opinión sobre los partidos políticos, estaban apáticos ante el nuevo plebiscito.
Un día cualquiera de esta primavera y con una cerveza demás, a los tres se les ocurrió lanzar un bulo en el hogar del pensionista. Atrevidos ante la atonía general, decidieron difundir una
fake news, un anglicismo más que tanto pronuncian en la tele y en la radio.
Hablaban con los demás en tono de secretismo sobre una nueva píldora, un fármaco a punto de salir al mercado, diseñado por unos distinguidos científicos para estimular el voto.
Explicaban que la pastilla en cuestión era de forma elíptica y estaba diseñada en atractivos colores a rayas. Azul, rojo, naranja, morado, verde y negro, diferentes colores para definir a las sustancias que debían influir en el estado anímico del elector.
Ellos, que ya pasaron por aquella época de la juventud, cuando sonrojados pedían preservativos en las farmacias, que no se atrevían a comprar la píldora anticonceptiva para su pareja; que pasaron del optalidón a la aspirina y que actualmente son asiduos al omeprazol y al ibuprofeno; ahora se sentían desinhibidos y con menos prejuicios (quizás los más atrevidos hayan comprado alguna vez viagra por internet).
Divertidos y a carcajada tendida, “Julito” y su nuevos amigos se imaginaban a sus colegas jubilados recorriendo farmacias, para-farmacias y herbolarios buscando a contra-reloj la nueva píldora multicolor. La solución ideal para ejercer el voto sin reparos ni prejuicios. Una idea genial para levantar el ánimo del elector, para subir la moral y la participación, para encumbrar a su partido favorito, para aupar nuevas reformas, para elevar nuevas ideas… En definitiva, para enderezar el declive democrático del país.
Mientras tanto, en el salón de actos del establecimiento, un grupo numeroso de mayores preparaba la enésima manifestación para pedir mejores pensiones y más justas.

Fdo: Rafael Toledo Díaz


Descubrimiento (Carlos Gamarra)

Categoría: Erecciones generales

La noche se esconde
bajo alados muslos
que permanecen insomnes

Entre brasas de satén,
el mundo se reduce
al suave movimiento de unos pechos

La inmortalidad se encuentra
en los labios
y en el bosque expandido del sexo

Al borde del Nirvana
se inflaman los cuerpos
en la espera contenida del deseo

El universo se llena
de grandes erecciones

 

Carlos Gamarra
Marzo 2019




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