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Verano 2020 (Maite Martín-Camuñas)

Categoría: La caja negra

(Haiku de compromiso)

Con mascarilla

confundo por la playa

a todo el mundo.


Vamos, Lapeña (Carlos Lapeña)

Categoría: La caja negra

—Vamos, Lapeña, sin dramas, que nos conocemos de sobra. Tiene el mar a cien metros, una playa estupenda, de arena fina y agua clara, apenas conocida y poco concurrida; un chiringuito inmejorable, con su cerveza preferida y sus tapas y su música al atardecer… Y el apartamento, qué voy a contarle, usted mismo nos lo ha repetido mil veces, con wifi y aire acondicionado, televisión de cuarenta y tres pulgadas, menaje con todo lo necesario para sentirse como en casa… mejor que en casa, en la casa soñada, ¿verdad? Y ya sabe lo agradecidos que estamos mi esposa y yo por habérnosla ofrecido el verano pasado… Posiblemente salvó nuestro maltrecho matrimonio, cojones… No lo olvidamos, lo sabe. Por eso no debe pensar lo que no es. Teletrabajar desde ese lugar es un chollo, por mucho que usted crea que me ahorro en equipo, energía, espacio y esas cosas. En unos momentos en los que lo más importante es sobrevivir y salir a flote, usted tiene la suerte de contar con un paraíso particular desde el que ofrecer lo mejor de sí mismo, como siempre ha hecho, lo sé. Puede trabajar y disfrutar a la vez, piénselo. Muchos querríamos estar en su lugar… sobre todo los despedidos, pobres… Vamos, Lapeña, firme y váyase tranquilo. Ya le avisaré cuando sepa la fecha de regreso a la normalidad…


Este año, sí. (Ismael Sesma)

Categoría: La caja negra

Uno de Septiembre. En la pausa para el café, después de las vacaciones, Toño da la palabra a Sara con un golpe de mentón.

– Yo he hecho un crucero por el Danubio. Ideal chicos, diez días sin dar golpe, viendo la cuna de la verdadera Europa. Y por la noche, acunándome con Roberto -ríe por el juego de palabras y asoma una cara de sencilla felicidad-. ¡Siguiente!

– Yo he estado en Mongolia -Lupe, la del laboratorio ha cogido el testigo- siguiendo la ruta de los pastores nómadas. Una experiencia -abre mucho los ojos- total. Viven con todo encima, de un lado para otro y no parecen añorar nada; sonríen por cualquier cosa, parecen felices.

– Nosotros hemos pasado dos semanas en Cancún -tercia Nacho al tiempo que exhibe sus brazos cobrizos por el sol-. Yo hubiera preferido ir a República Dominicana, pero Piluca se empeñó y, la verdad, no me arrepiento de haberme dejado llevar. Playa, mojitos y alguna visita cultural, para desengrasar.

– Pues yo he estado en el Ártico, en un crucero organizado por una empresa noruega -Toño está exultante-. No os podéis imaginar aquello. El color del cielo, la claridad del hielo los días claros, los animales. ¡Parecía que estaba en otro planeta!

Habría unos segundos de silencio. Toño le preguntaría con retranca gallega:

– Pedro, ¿tú dónde has estado?

Y todos pondrían cara de condescendencia. Era un ceremonial que Pedro aceptaba porque sabía que Toño, aparte de un pedante incorregible, era un buen tío. Y el resto, también; modernos, pijos, superficiales, pero buena gente.

Esta vez, se relamió al imaginar la ronda de las vacaciones. Si nadie la comenzaba, ya se encargaría él de hacerlo. Anticipó sus caras de envidia; este año sí. Con muchas fronteras cerradas y el miedo cabalgando a sus anchas por el mundo, pasar Agosto en aquella casa heredada por su mujer en un pueblito de la montaña leonesa, aislado y a salvo de contagios, era la panacea, el no va más.


Remdestribuir, la solución a nuestros problemas (Carlos Candel)

Categoría: La caja negra

Un numeroso grupo de multimillonarios dicen haber dado con el método eficaz para luchar contra el Coronavirus. Han creado una plataforma a nivel mundial que han llamado “Remdestribuir”, con la que aseguran que acabarán con ésta y cualquier otra pandemia que nos amenace en el futuro. “La pandemia nos ha hecho comprender que somos seres ecodependientes y que para mirar al futuro cercano sin miedo lo primero que debemos hacer es proteger nuestro medio ambiente”, aseguran. Y para ello, la solución que plantea esta organización de multimillonarios, que cada vez es se va haciendo más grande, es donar gran parte de sus riquezas para la creación de un Estado Global que distribuya el dinero de forma equitativa en todas y cada una de las poblaciones del mundo.

No se trata de un plan sencillo. De hecho, para elaborar el Plan de “Remdestribuir” ha intervenido un numeroso grupo de personalidades del mundo de la ciencia, expertas en ámbitos como las matemáticas, la física, la zoología, la medicina… y también en disciplinas como la educación, la psicología, la geriatría… Incluso se ha diseñado un complejo algoritmo que determina la aportación necesaria de cada una de estas personas ricas al proyecto en función de sus riquezas.

Nosotros ya tenemos todo lo que necesitamos…”, asegura su portavoz que prefiere seguir en el anonimato para no dar publicidad a sus conocidas marcas, “…es el momento de hacer algo por nuestra sociedad, de entender que las empresas no están para ganar dinero, sino para mejorar el mundo que nos rodea. Y, al fin y al cabo, buena parte del dinero que hemos ganado, ha sido gracias al sudor de mucha gente, ¿cómo no vamos a colaborar en estos tiempos?”, finaliza.

El Plan de “Remdestribuir” tiene un poderoso objetivo, que es poner sus riquezas al servicio de la gente para reforzar los sistemas públicos, de manera que durante el año 2021, se paralice la producción mundial. “Queremos pararnos a pensar, con calma, cómo hacer para transformar nuestro modelo de producción, y sabemos que el dinero que hemos acumulado puede hacer que la población mundial se vuelque en la búsqueda de soluciones. Es ahora o nunca. Estamos convencidos de que en un año seremos capaces de encontrar las fórmulas para reinventarnos y luchar juntos contra una de las amenazas más graves a las que nos vamos a enfrentar, de mucha más envergadura que el coronavirus, que además está vinculada: la crisis climática.”

La noticia ha sido muy bien acogida por la mayor parte de los Estados, que han decidido ponerse a trabajar codo con codo para diseñar estrategias coordinadas de cara a mejorar el futuro de cada uno de los habitantes de nuestro planeta. “Esto probablemente nos lleve a reducir la pobreza en el mundo…”, comunican desde la co-presidencia de una comisión mundial que se ha puesto en marcha desde el primer minuto. “Los cálculos indican que podemos reforzar los sistemas públicos para garantizar el bienestar de todas y cada una de las personas que formamos este mundo. A cambio, sólo les pedimos que busquen soluciones, nada más”.

Esperemos que todo esto sea cierto.


Dos sílabas (Carlos Lapeña)

Categoría: La caja negra

El término “noticias falsas” apenas tuvo tirón, pero “fake news” lo petó desde el principio. Lógico, siete sílabas no tienen nada que hacer contra dos.

Cuando se dieron cuenta, los mismos que habían fracasado estrepitosamente en su intento de difundir noticias falsas triunfaron incuestionablemente lanzando fake news a diestro y siniestro.

Los medios, las redes, el ambiente, todo se contaminó con una facilidad pasmosa. La realidad de las fake news se convirtió en la nueva realidad, la única verdad verdadera era la suya y la sociedad se convirtió en una fake sociedad. Y las personas se convirtieron en fake personas. Hasta que el término fake dejó de tener sentido y la mentira del mundo dio varias vueltas a alrededor del sol.

Una mañana, un joven periodista tuvo la ocurrencia de lanzar una “true news” y, claro, se rieron de él. Pero también eran dos sílabas y la curiosidad mató al gato.



Solución final (Javier González)

Categoría: La caja negra

Numerosos estudios y ensayos invaden los laboratorios de todo el mundo, con el noble fin de encontrar un remedio al virus. De momento solo han logrado conjeturas e hipótesis, pues las certezas, a día de hoy, han brillado por su ausencia. ¿Todos? No, un grupo de irreductibles científicos han desarrollado, en su tiempo libre, un fármaco creado a partir de sangre hemorroidal. Después de completar sus jornadas laborales como reponedores, colocadores, repartidores y recolectores se han dedicado, con patriótica dedicación, a sacar a flote el único experimento que ofrece resultados claros, precisos y concluyentes. Podríamos estar hablando de la solución final. El plasma obtenido de las hemorroides de cuatro pacientes de la provincia de cuenca se ha mostrado letal a la hora de enfrentarse a su enemigo. Los primeros pacientes tratados han mejorado en horas y los efectos secundarios se resumen a gases y un ligero prurito en el esfínter. El CSIC ha tomado las riendas del ensayo y se encarga en estos momentos de producir plasma a demanda. Ha premiado a los descubridores con un tour por sus instalaciones y un pack con todo el merchandising del centro, manteniendo, eso sí, el anonimato de los mismos para evitarles situaciones poco deseables. A su vez, el ministerio de sanidad busca donantes con el perfil y el volumen adecuado que les permita donar. Ha recomendado a los médicos de atención primaria facilitar el desarrollo de la hemorroide en los pacientes que comienzan a tener molestias en la zona y a las fuerzas de seguridad a protegerles de los ataques pertrechados, por irresponsables que buscan obtener la inmunidad, bebiendo el plasma directamente de la fuente original. Informando desde Tower Trump, para el mundo.


Y ahora qué (Pedro Marín)

Categoría: La caja negra

La conocí en un bar cerca de la estación. Después de varios días observándola desde la clandestinidad, el destino se puso a mi favor. Nunca se solía quitar el pañuelo del cuello, por eso quizá se lo olvidó. Me acerqué, lo cogí del respaldo de su taburete y salí corriendo tras ella. No sabía su nombre, pero de alguna forma la llamé. Se giró y situó el origen de la llamada. Fue la primera vez que fijó su mirada en mí.

No sé ni cómo ocurrió, pero después de conversar cinco minutos escasos, decidimos darnos los teléfonos. Me despedí aún con el pañuelo en la mano.

Las primeras citas fueron increíbles. Era una mujer fantástica, inteligente y llena de vida. Mantenía, sólo para mí, esa sensación tan intensa, ese nudo en el estómago, preámbulo de emociones indescriptibles.

Aquella tarde la invité a un concierto, cantaba Andrea Motis en el café Central y nada menos que acompañada por Joan Chamorro Quintet. Fue un gran concierto, con sabor a los grandes clubs de jazz del otro lado del océano, conducido por la dulzura de la voz de Andrea.

Iba a pedir otra cerveza cuándo me propuso ir a cenar a un pequeño restaurante italiano. Estaba muy cerquita, en una calle aledaña a la plaza Santa Ana. Apenas diez minutos y allí estábamos. Justo cuando se estaban disculpando por no tener mesas libres, una pareja se levantaba en el fondo del local.

Me gustaba todo de ella, su energía, su forma de reír, su humor irónico, el brillo de sus ojos, su lucidez, sus labios, el más lindo marco para su sonrisa, y sobre todo… lo que me quedaba aún por descubrir.

Salimos del restaurante y comenzamos a pasear. Al rato íbamos de la mano. Seguíamos hablando, obviando ese pequeño detalle, todo era fresco, natural.

Esa muñequita vestida de rojo se iluminó y nos hizo detenernos. Ningún coche se acercaba, pero era la excusa perfecta, nos miramos y nos dejamos llevar por ese deseo irrefrenable de besarnos. Un beso intenso, pero a la vez dulce. Notaba los labios primero tersos ante el encuentro, pero cómo se rendían y se mecían a merced de los míos.

Su casa estaba cerca, avanzamos sin fijarnos en el suelo que pisábamos, casi no hablábamos, nuestras palabras se retiraban dejando paso al lenguaje de los cuerpos. Nos detuvimos ante un portal, sacó las llaves y abrió con determinación. Allí otro beso, este más pasional. Me cogió de la mano y me llevó hasta su puerta, que abrió nerviosa. Otro beso mientras nos quitábamos los abrigos. No, claro que no me ofreció una copa, ¿quién iba a pensar en beber en ese momento? Eso sólo pasa en las películas americanas.

Delicioso afrodisiaco su saliva. Ahora la piel, ningún pudor turbó la imagen de nuestros cuerpos. La cubrí de roces y de besos. Sentía la circulación de la sangre en nuestros cuerpos, golpeaba contra los pezones erizándolos, los labios lucían su mejor rojo, cuerpos cavernosos inundados con una intensidad arrolladora.

Nos ansiábamos el uno al otro. Su sabor me hacía enloquecer. Ahora nuestros besos y caricias recorrían todo el cuerpo, sin dejar espacio para secretos. No había límites.

Ya desnudos y aturdidos por la embriaguez del deseo, un beso lento y profundo tranquilizó los cuerpos, y mi erección buscó resguardo en su calor. La húmeda suavidad de su cuerpo me condujo al interior, y un leve mordisco antes de su gemido.

Nuestros cuerpos se balanceaban suaves, el río después de sus rápidos nos regaló un remanso tranquilo. Allí estábamos, mirándonos, sintiéndonos, disfrutando, un susurro al oído y el movimiento cogió intensidad.

Mi grito, el suyo y nuestros cuerpos rendidos pero victoriosos, todavía temblorosos, uno en el del otro.

Dormimos juntos y por la mañana volvimos a hacer el amor. Sí, habíamos conectado, pero debía irme y no veía el momento. Era sábado, un beso de despedida, que se unía a otro y a otro… Nos despedimos hasta el martes. Esta vez yo haría de anfitrión y la invité a cenar. Último beso en el descansillo y otro al aire según descendía las escaleras. Bajaba sin sentir los peldaños, ni la barandilla, solo su olor, su tacto suave. Era una conexión brutal, intelectual, emocional y física.

Antes de llegar al coche ya había recibido un mensaje suyo. Joder, estaba loco de alegría, iba por la calle bailando. Monté en el coche y aunque siempre llevo la radio puesta, hoy la apagué, quería recordar cada segundo vivido con ella.

El domingo, según me levanté le escribí, puse una cafetera mientras la radio sonaba de fondo. La noticia hizo que mi mano perdiera su fuerza y la taza cayó al suelo partiéndose en mil pedazos. Se declara el estado de alarma que obliga a todos los ciudadanos a confinarse en su casa.


Hay que elegir (Carlos Lapeña)

Categoría: La caja negra

Salimos a la calle
como descubridores
de un nuevo mundo,
como Jekyll o Hyde,
hay que elegir,
como autodesignados
vigilantes de playa
(cuerpo fruncido
entre alarma y alerta),
o como poseídos
por la curiosidad
(mira esa flor
que crece entre el asfalto,
mira ese rostro
como recién nacido,
mira esa mano limpia
que busca en la memoria
el sentido del tacto,
casi atrofiado),
por la celebración.
Ilustración de Antonio Cerrato



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