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Test de personalidad (Eva Soria)

Categoría: La caja negra

“Elige la cesta que te agrada más y así descubrirás cuáles son tus
cualidades en este test de personalidad”.


El hastío de las tardes de septiembre empujaba a nuestro protagonista, hipnotizado por el haz de luz de la pantalla de su móvil al consumo de horas estériles. Una vez más y siguiendo la inercia de cada día, sustituía los paseos que solían acompañar a los últimos rayos de sol, por la penumbra de su habitación.


Esta vez la elección del test de personalidad parecía fácil. Ante unos párpados desplomados se abría un abanico multicolor de 8 cestas, cada una de distintas y atractivas formas. Lo fácil a veces es difícil y esto fue lo que debió sentir, al no decidirse por ninguna de las cestas del nuevo reto semanal. Acostumbrado a no tener que escoger porque la suerte le había colmado de todo lo deseable y bueno, un giro inesperado en su vida le obligó a saborear las hieles del fracaso para el que no estaba preparado. La insolencia compañera del éxito fácil, menosprecia el sacrificio de los que tienen que elegir cada paso en el camino.

Parecía que una de esas cestas repleta de frutas exóticas se ajustaba perfectamente a su personalidad, sin embargo, una mirada más humilde se decidió finalmente por la última de la imagen, que a pesar de su sugerente forma estaba prácticamente vacía. De repente la luz que se proyectaba en su rostro desapareció. Batería agotada. Una oscuridad bíblica penetró en su mirada, al tiempo que un leve resplandor iluminaba un sendero desconocido para él. Fue entonces cuando comprendió que TODO en la vida, a veces es sinónimo de nada, y que más vale una cesta vacía para poder llenarla con antorchas imperecederas que alumbren nuevas sendas.


T.O.D.O. (Javier González)

Categoría: La caja negra

EL- ¿Si tuvieras que elegir entre…?

ELLA – Todo.

EL- ¿ Todo?

ELLA – ¿Y tú?

EL- Pregunté yo primero.

ELLA- Y ya te contesté. Todo.

EL- No prefieres dejar algo para… (Le interrumpe)

ELLA- Qué parte de todo no has entendido.

EL- Nada. Tu firmeza al responder no deja puertas abiertas.

ELLA- ¿Y tú?

EL – Todo, por supuesto.

ELLA- Me pareció que intentabas rectificar mi respuesta.

EL- Para nada.

ELLA- ¿Seguro?

EL- ¿No intentarás…?

ELLA- En absoluto.

EL- ¿Y si perdemos todo?

ELLA- ¿Te vence el miedo?

EL- No.

ELLA- Entonces no entiendo tus temores.

EL- Solo era un comentario.

ELLA- Puedes cambiar cuando quieras.

EL- He dicho todo y no pienso rectificar.

ELLA- ¿Por qué?

EL- Supongo que por ambición, como todo el mundo.

ELLA- Yo no.

EL- ¿Entonces?

ELLA- Por orgullo.

EL- ¿Tenerlo todo te hace sentir orgullosa?

ELLA – Mucho más que si nada tengo.

EL – ¿Estás segura?


En un plis plas (Carlos Lapeña)

Categoría: La caja negra

Lo perdió todo.

El río de lava lo destruyó.

Tuvo tiempo, apenas, de salvar algunas cosas.

Papeles, ropa, la escultura

(luego no perdió todo).

Desapareció el pueblo entero.

No hubo muertos ni heridos

(si bien quienes perdieron casi todo podrían ser considerados heridos, al menos).

Fue, en cierto modo, un éxito técnico y científico

(pues fueron científicos y técnicos quienes previeron la erupción y gestionaron sus efectos).

También social, el éxito.

Después de las lágrimas llegaron las ayudas.

Y menos mal, después de todo.

Qué gran país.

En su nueva casa ubicó papeles, ropa, la escultura.

Distribuyó su todo.

Y pensó que cuando ella, la Tierra, quiera, se puede acabar todo.

Sí, en un plis plas, todo.

Todo.

En un plis plas.


El sueño de un gorrión (Carlos Candel)

Categoría: La caja negra

Eres el sueño de un gorrión. Etéreo. Aéreo. Un gorrión en duermevela en lo alto de la rama de un árbol. Desde allí lo ve todo, pero ni siquiera es consciente de su existencia. Ni de la tuya. Tú tampoco. El pájaro sueña que existes. En su pequeña imaginación de ave se ha colado tu presencia. Su pensamiento difuso se mueve entre el miedo y la indiferencia. Pero en el sueño él te es ajeno. No conoces su plumaje porque eres una simple invención de su cerebro. Un cerebro en el que el paso del tiempo lo es todo, pero carece de estructura. Tu vida entera cabe en un aleteo. Lo siento por ti. ¿Quién quiere ser el sueño de un ser intrascendente? Aunque, bien pensado, para el ave lo eres todo. Tú que creaste ídolos y los derrumbaste, que levantaste imperios y los hundiste, que terminaste desistiendo de la idea de igualdad, que construiste sociedades con la fuerza del trabajo para después dejarlas caer en el foso de tu propia condición corrupta. Tú, no eres más que le sueño de un gorrión que ahora alza el vuelo y se pierde entre la bruma de la mañana para dejar de soñarlo todo. Todo.

Imagen de Pexels en Pixabay

Solo con pensamientos (Carmen Paredes)

Categoría: La caja negra

Desde la gruta de lo ya vivido

desciende sobre una orla de burbujas

de agua hirviente

como un coro de tragedia

narra el paso de lo que fue

y niega la posibilidad de ahora

Acudo a la razón abierta

una nueva fuente me deja su ruido

se produce el silencio que intuye
la firme promesa disfrazada

de ola o de tormenta

del todo que ha de venir



No se puede tener todo (Carlos Gamarra)

Categoría: La caja negra

Septiembre como el año nuevo

es un mes que irrumpe con fuerza

y olor de cambio

.

En sus tranquilas noches

salen las estrellas

que se dan la vuelta para reconocerse

.

El viento se lleva las hojas

y deja desnudo al árbol

que tiembla de frío y nostalgia

.

Los recuerdos y poemas

como versos inestables

salen con el otoño

.

y la luna dando luz


Inteligencia emocional (Ismael Sesma)

Categoría: La caja negra

El taller de motos está en las afueras del pueblo, en la bajera de la casa familiar de los padres de Basilio, que ahora ocupa en soledad. La trasera de la vivienda se abre a una parcela de dehesa asalvajada, con fresnos, algún roble y atravesada por un regato que lleva agua durante dos o tres meses al año. La parcela es propiedad de Basilio, aunque su uso y disfrute los tiene en exclusiva Daisi. Basilio se empeña en escribir el nombre así y no hay más que hablar. Daisi es una yegua alazana, orgullo de su dueño, que la cuida como a una hija y casi nunca monta. La yegua es la atracción de los niños del pueblo; se acerca a ellos cuando los ve llegar, risueños como caramelos, es afable y come de su mano. El resto del tiempo Daisi lo pasa sesteando, salvo si observa que Basilio se queda parado frente a alguna moto, concentrado y ausente como la esfinge. Entonces, Daisi se acerca con trote interesado hacia la trasera del taller, apoya la cabeza en el hombro de Basilio y le da indicaciones sobre cómo reparar o qué destino dar a la motocicleta. Sus consejos suelen dar resultado; ‘tienes razón’ le dice Basilio mientras la palmea el lomo con un gesto de satisfacción en el rostro, y retoma la reparación con otro entusiasmo.

*

Basilio rara vez viaja a la ciudad, solo para lo imprescindible; gestiones con la administración y médicos constituyen su catálogo de visitas. Esta vez ha venido a recoger los resultados de unas pruebas y el doctor no le ha dado buenas noticias. Basilio viaja en metro para enlazar con el autobús y volver a casa. Está sentado, con la cabeza gacha y la expresión ausente, intentando hacer la digestión de la noticia, cuando comienza a caer agua del techo del vagón. Al principio es una gota aislada, fugaz, que resbala desganada, atrapada por la inercia de la marcha. Nadie dice o hace nada, salvo evitar la salpicadura y mirarse con ojos de sorpresa. Tres estaciones después, el goteo se ha transformado en un chorro constante, parte del vagón está cubierto por una película de agua que se extiende como la culpa, y los viajeros se aprietan en el espacio que todavía permanece seco, alrededor de Basilio. Basilio solo piensa en su yegua, tiene que decirle que estará una semana fuera y después, vete tú a saber. Al llegar a su estación, se percata de la inundación, se encoge de hombros y sale.

*

Basilio le cuenta y Daisi entiende la situación. Se mantiene pegada a Basilio y cabecea con dulzura sobre el hombro de su amo. ‘No te preocupes, que los médicos siempre exageran, se ponen en lo peor para después maniobrar hacia la vida y la salud. Yo estaré bien, esperando tu regreso. Y Damián me traerá agua y comida estas semanas, ya te ocuparás de avisarle’; todo eso escucha Basilio mientras siente a Daisi palpitar a su lado. Una lágrima resbala por su mejilla y cae al suelo. Basilio se acuerda del agua del metro, de la inacción de la gente, de sus rostros. Piensa que si cada uno de ellos tuviese su Daisi particular, todo sería diferente.


Toda la fuerza de la Naturaleza (Rafael Toledo Díaz)

Categoría: La caja negra

Todo cuadraba y, desgraciadamente, todas las previsiones se cumplieron. Lo habían anunciado todos los movimientos sísmicos que se repetían continuamente. Todo era presumible porque todas las islas del archipiélago son de origen volcánico, por eso toda La Palma estaba atenta ante la inminente erupción.

Hasta allí llegaron todos los expertos, sobre todo los vulcanólogos y los geólogos, también todos los periodistas y todos los curiosos. Todos estaban atentos esperando el momento para registrar todos los datos, para dar todas las exclusivas, para hacer demasiadas preguntas absurdas y extravagantes, todo para rellenar los telediarios, y los más intrépidos para hacer todas las fotografías con el dantesco paisaje de fondo.

Así que aquella tarde y de repente, la montaña estalló, y al principio fue todo humo, y después todo fuego, y poco a poco todo el magma fue derramándose como una lengua voraz y destructora.

Todo era y bonito y trágico a la vez. Nos cuentan que todas las autoridades y todos los científicos, técnicos y colectivos trabajaron de forma conjunta, que todo estaba coordinado según lo previsto, pero que era imposible controlar toda la fuerza de la naturaleza, porque la lava devastaba a su paso todas las haciendas y plantaciones.

Todas las poblaciones en riesgo fueron avisadas con antelación y todos los vecinos afectados tuvieron unas horas o minutos para salvar algunas pertenencias, así que todos llenaron sus coches y camiones con los enseres más valiosos y, por encima de todo, la intención de recuperar todos sus recuerdos y sus documentos.

Por la isla pasaron todos los políticos posibles y todos se hicieron la foto de rigor. Los que gobiernan han prometido todo tipo de ayudas, pero ya veremos. Frente a la fatalidad todos tratamos de ser solidarios, todos entendemos su preocupación y su tristeza ante tamaña tragedia.

Mientras tanto la vida continua y todos los demás siguen con su rutina y sus trabajos. Ajenos al volcán, todos los turistas siguen yendo a la playa. Y todos los medios siguen ahí, todos diciendo lo mismo, todos especulando sobre posibles reacciones y sus consecuencias, que si el aire, que si la ceniza, que si hay precipitaciones la lluvia podría ser ácida, que si la lengua de magma llega al mar habría una reacción química. Ahora todos hablamos del volcán “Cumbre vieja” y sus consecuencias. También en este momento todos los agoreros e iluminados han sacado a relucir todas las viejas teorías catastrofistas.

Pero no todos entienden la angustia de los que perdieron todo, de repente ellos han perdido el pasado, sus raíces y el esfuerzo de su trabajo. A partir de ahora todos necesitan volver a ilusionarse con un futuro incierto, todos deberán rehacer sus vidas, todos necesitan recuperar la sonrisa y borrar de la memoria la catástrofe. Nosotros lo conseguiremos en cuanto haya otra noticia más impactante, sin embargo, todos ellos seguirán rumiando su mala suerte durante bastante tiempo.

Si el eventual y curioso lector ha logrado llegar al final del anterior texto sin aburrirse, supongo que, con perspicacia, habrá notado claramente un exceso de vocablos repetitivos y no siempre fáciles de colocar en demasiadas frases, palabra que se podía haber omitido perfectamente en muchas ocasiones.

Pues bien, la culpa de este raro escrito la tienen los avispados integrantes del colectivo “El Globosonda” porque tan imaginativos ellos, han decidido para este mes de octubre elegir como tema a desarrollar la palabra “TODO”, y yo, por más vueltas que le he dado, y por más que he tratado de discurrir ante este reto de TODO no se me ocurre otra cosa.


Viajero (Maite Martín Camuñas)

Categoría: La caja negra

El tren llega por fin a la estación de destino, los pasajeros como mensajeras arribando a casa, salen de los vagones cargados con sus pertenecías.

Él se siente afligido y desubicado. Al fin, el viaje fue tranquilo, pero la arribada triste, porque eso es lo que tiene la memoria, que nos acerca a otro tiempo distinto, diferente, haciendo comparaciones tristes y crueles. Tiempo de abrazos y saludos, de bellas palabras y reencuentros, de emoción en los ojos del que llega y del que espera en la estación.

Pero hoy no había nadie para recibirle, para abrazarle con efusión, para empañar los ojos de lágrimas, ni besos ni reencuentros, soledad absoluta y el arrastrar lánguido de una maleta repleta de ilusiones, por los interminables pasillos plagados de gente ajena, ante un momento de profunda decepción.

El tiempo, como suele ocurrir siempre, se confabula con las emociones y comenzó a llorar mansamente y fue creciendo hasta que logró opacar el paisaje con su cascada de gotas de lluvia.

Mientras aquel tren de cercanías transitaba por los raíles, sus ojos se iban del hoy al ayer, nublando la mirada.

Porque en la vida, querer tenerlo todo, implica tener lo mejor y lo peor, lo mucho y la nada, el placer y el dolor, enfrentarse a la existencia y convenir con la muerte.

Al llegar a su destino, le esperaba de nuevo la amistad y las risas, las prisas y las pausas dando cohesión a ese todo que es la vida.


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