Archivo del Autor: Admin

En el principio (Carlos Lapeña)

Categoría: La caja negra

He tomado un fruto 
del árbol de la esquina
y te lo he llevado por ofrenda
a la cama. Ha resultado 
tan jugoso y maduro
a pesar de ser invierno...
Entre las sábanas reímos
con los labios y los sexos
por haberlo manchado todo,
y la serpiente también 
juguetea 
con las semillas esparcidas
por el suelo.
En la radio, después,
hablarán de nosotros,
ese trío
que vive y deja vivir,
desde que el mundo es mundo,
a todo, todo, bicho viviente;
que ofrece el sudor 
de su frente un par de días
a cambio de un jornal
decente
y mucho tiempo;
que olvidó la idea de pecado
en el instante mismo
en que arrojó
la ropa a los leones
de las comisarías y los juzgados.
Y llegarán periodistas
y multitud de multitudes
para llevarse una bendición
que tienen ya,
aunque lo ignoren.
Imagino el titular
en la prensa del mañana:
Serpiente, Adán y Eva
comparten, ya era hora,
el secreto bien guardado
de su felicidad
con todo dios.

Proximidad (Carlos Gamarra)

Categoría: La caja negra

Y el verbo se hizo carne….

El paraíso siempre estuvo aquí
junto a tu cara en la esquina
donde los cuerpos se juntan 
donde la brisa acaricia


Tiene color de esperanza
brillo de sol y sabor de agua
Está en la sonrisa y en tu mirada.


En los versos hechos con esmero
en los ojos que hablan
en el silencio sin palabras


El paraíso sigue cerca
aunque se mueva con el viento
y se esconda en las afueras


Hay más paraísos como el de Milton
pero eso ya es de otro poema

De viernes a viernes (Javier González)

Categoría: La caja negra

(Suena el teléfono. Una mujer de unos 70 años de edad descuelga el aparato)

MADRE – ¿Cariño?

HIJO – Hola, mamá. ¿Cómo estás?

MADRE – Como siempre. Con achaques nuevos todos los días y engullendo pastillas para no caer al hoyo.

HIJO – Qué exagerada eres. Si estás como una rosa.

MADRE – De pitiminí. ¿Y tú, cómo te encuentras?

HIJO – Sin cambios en el horizonte.

MADRE – Sigues estudiando, ¿no?

HIJO – Todos los días, mamá.

MADRE – No hay que desfallecer. Es el único camino para ser el primero.

HIJO – Ya veremos cuando abran convocatoria. Si lo hacen algún día.

MADRE – Antes de lo que te imaginas.

HIJO – Ya van cinco años de retraso.

MADRE – Paciencia. ¿Y el trabajo?

HIJO – Ese no varía. En la cuerda floja.

MADRE – ¿Cuándo te hacen fijo?

HIJO – Nunca.

MADRE – Qué rancio te vuelves. Todo llega, hijo, todo llega.

HIJO – Cuántas veces tengo que repetirte que las cosas no son como antes. Ahora los contratos se firman a plazos.

MADRE – No me entra en la cabeza que cada viernes no sepas si seguirás trabajando hasta el siguiente viernes. Deberías hablar con el jefe, como se ha hecho toda la vida.

HIJO – ¿Con qué jefe?

MADRE – Pues con el jefe, leches. Los jefes seguirán existiendo, digo yo.

HIJO – Esto es una multinacional. Aquí los que dan la cara por los supuestos jefes están de viernes a viernes como el resto de empleados.

MADRE – ¿Y vas a estar así todas las semanas? Llevas por lo menos un año.

HIJO – Dos, mamá, dos. Pero no sale nada mejor.

MADRE – ¿Y tu carrera?

HIJO – Sin pista donde ejercerla.

MADRE – A este paso voy a ser abuela en la tumba.

HIJO – Tienes a Charlie.

MADRE – ¿Tu perro? No me tires de la lengua.

HIJO – Pero si te quiere con locura.

MADRE – Qué tonto eres. Bueno, ¿cuándo vas a venir?

HIJO – No lo sé. Hace siglos que no libro dos días seguidos.

MADRE – Bonito infierno.

HIJO – Ayer me renovaron hasta el próximo viernes. Mi infierno se reactiva los miércoles.

MADRE – ¿Y qué estabas haciendo ahora?

HIJO – Disfrutar de mi paraíso, ahora. Corto y efímero, pero mío.


Paraíso ahora (Ismael Sesma)

Categoría: La caja negra

Un abrazo, un achuchón,

unas risas compartidas,

un rosario de paridas,

un compartir la función.

Unas tapas de jamón,

con una cerveza fría,

en la buena compañía,

de los de tu condición.

Dejar la monotonía,

del ritmo que se repite,

de pasar la vida al quite,

envueltos de sincronía.

O compartir la toalla,

en la arena sonriente,

achicharrada de gente,

a la orilla de la playa.

Abandonar la rutina,

encontrarnos en la calle,

recogernos por el talle,

acumular vitamina.


Paraísos de hoy (Rafael Toledo Díaz)

Categoría: La caja negra

Pues sí, sí que lo ponen complicado estas gentes del Globosonda cuando eligen los temas a desarrollar cada mes. Para este marzo que acaba de empezar han propuesto así, como si tal cosa: “Paraíso ahora”. Qué graciosos, con la que está cayendo, podían haber sido más benévolos y agarrarse a los tradicionales tópicos sobre el mes de marras; ya saben, marzo ventoso y esas cosas, asociar pandemia y tempestad que puede dar mucho juego, o echar mano de la primavera que se avecina, escribir sobre la floración anticipada de los almendros, esos árboles inmaduros que andan desquiciados por el cambio climático. Podían ponerse normales como hacen los medios serios como la tele, la radio y los periódicos que nos sugieren sobre qué debatir, porque sus sesudos creadores de opinión eligen las cuestiones que deben interesar a la mayoría y rehúsan los temas espinosos diciendo que eso no toca.

Pero no, estos juntaletras van de sobrados, de raros y excéntricos, que es lo que mola, desean salirse del tiesto proponiendo materias insólitas.

Les comento a mis compañeros por el wasap que estoy bloqueado, que tengo la pantalla en blanco y no sé cómo meterle mano al asunto. Por eso me recomiendan que escuche la canción “Paraíso ahora” del cantautor Pablo Guerrero, que tiene el mismo título que la propuesta. Me pongo a la tarea a ver si escuchando lo que dice este hombre me da alguna idea para rellenar una página al menos. Cojo papel y me hago un esquema para ver si me aclaro un poco. Atento, presto oídos a la melodía y escribo: Paraíso igual a imaginación, a sueños, a ideales frente a la realidad de la vida. Lugares, islas, playas paradisíacas, y nada, utopías a tutiplén.

Para serles sinceros, y como ya tengo una edad, la palabra paraíso me sugiere bienestar, pero del mismo modo me transporta a mis años escolares de primaria, que entonces era la EGB y sus enciclopedias.

En la asignatura de religión el edén alude más a la vergüenza y la culpa. Habitualmente suelen mostrar, con unos sencillos dibujos, la expulsión de Adán y Eva de aquel frondoso vergel, figuras con los ojos entornados y tapándose sus cosas con hojas de parra o de higuera al gusto del dibujante, y por supuesto la malvada serpiente y su lengua bífida con esa manzana tan roja, tan brillante, tan apetitosa. Menudo disgusto nos trajo aquella mala decisión de nuestros primeros padres, como dicen en un libro que he leído recientemente: “Las decisiones se toman en un instante y sus consecuencias las soportamos toda la vida” y vaya si llevamos tiempo con este castigo. Pero bueno, al menos tenemos cosas que contar y que superar o arreglar, que si no sería todo muy aburrido como la vida de los súper-ricos.

Me pongo a cavilar y creo que esta historia que me aprendí como cualquier escolar de la época me resultaría muy complicada de explicar a los críos del siglo XXI, que nacen ya sabiendo. Sería difícil convencerles de que aquel vergel situado entre los ríos Tigris y Eúfrates es ahora un desierto, aunque siempre podremos volver a recurrir al cambio climático y que todo ha cambiado mucho, y añado, aunque otras muchas cosas no han cambiado nada.

Pero dejémonos de zarandajas, seamos generosos aceptando la historia del pecado original como una bonita leyenda y concedamos a la ciencia la racionalidad de la teoría de la evolución por la selección natural de las especies de Darwin. Así quedamos bien, una de cal y otra de arena, ficción y realidad a partes iguales.

A propósito, y como me estoy liando o yéndome por los cerros de Úbeda yo tengo una particular teoría o un paralelismo entre el paraíso y las nuevas tecnologías.

En confianza, tengo la sospecha de que el actual paraíso está en el brillo de una pantalla. Desde este lugar y moviendo el dedo puedes acceder a casi todo, esa posibilidad es más fácil de explicar a los niños de ahora, o al menos les resulta más creíble. En una pantalla puedes visionar paisajes increíbles, en un instante puedes contemplar maravillosas playas y montañas de cualquier lugar del planeta, etc. Como en los anuncios de cremas y maquillajes donde las modelos lucen sin una arruga, ni un grano, qué piel tan inmaculada que sin poder tocarla me sugiere suavidad. Pues eso, que a estos parajes preciosos les deben poner un filtro igual, les deben hacer un retoque porque hay que ver, qué campiñas tan inmaculadas, sin basura ni vertederos o “quiñones” como decíamos en mi pueblo.

Bueno, con estos artilugios tecnológicos puedes acceder a mil cosas más, puedes escuchar música, jugar, pagar la cuenta del súper, hacerte fotos y vídeos o hablar por teléfono entre otras muchas más aplicaciones. Esto sí que es un ingenio multiusos y no aquellas navajas llenas de muelles con sacacorchos.

Pero si algo tengo claro de este paraíso virtual es que el protagonismo de la serpiente seductora se lo encasqueto al algoritmo, ese método numérico que calcula y te propone, ese factor tan abstracto y desconocido como efectivo.

Aceptarán conmigo que si miras colchones en la red al momento en el facebook te salen cien mil ofertas, las diferentes calidades y los lugares donde puedes comprarlos y qué se yo cuantas cosas más. Y eso pasa con todo, si te demoras unos segundos viendo un vídeo de aviones, al rato te proponen ver como despegan o aterrizan las aeronaves más modernas, te ofrecen todo lo que puedas imaginar y la tentación es su mejor baza porque, como el ojo de dios, saben casi todo de nosotros, es algo tan terrible como maravilloso.

El otro día me cuenta un amigo que su hija le ha regalado a su anciana madre un asistente virtual, un robot que habla y le aconseja aparte de hacerle compañía, así que la buena mujer está encantada por lo bien que se porta esa voz que está atenta a todo, que le recuerda cuando tiene que tomarse las pastillas y le responde a cualquier cosa, vamos que la ocurrencia de la nieta ha sido un gran acierto porque, aunque a ratos, ese cacharro hace feliz a su abuela. Al final terminaremos todos así, viendo la vida a través de una pantalla y hablándole a un robot, es el paraíso del futuro, si tienes recursos claro está.

Bueno, voy a terminar, que me he liado un poco. El paraíso como el Dorado no existieron nunca, ni antes ni ahora. El edén siempre es una fantasía, una utopía, una quimera, un espejismo o un sueño, pero nunca debemos renunciar a este delirio porque los sueños deberían cumplirse.


Plan de sábado tarde (Nuria Álvarez Ortiz)

Categoría: La caja negra

-Vamos a quedarnos aquí un rato… Mientras dure el sol.

-Parece que ya anochece más tarde.

La bandada de destellos silenciosos surcaba el cielo dibujando una uve doble. Le daban altitud a la vida y menos importancia a todo aquello que no formase parte del cuadro, siempre y cuando se despegasen los ojos de la acera y de aquella aciaga rutina de los años 20. Todo un acto de valentía.

-Mira, ya vuelven.

-¿No será que se van?

-¿Es que no lo notas?

-¿El qué?

-Que dan ganas de quedarse, no de irse. Vuelven.

Se le olvidaban a una las preocupaciones, la respiración se hacía más profunda por impulso y el tiempo con ella.

Se oían risas, bicis, perros. No sobraba el abrigo y, salvo algún almendro, los árboles seguían pelados. Aún así, parecía un sol de marzo, más que de febrero.

Un momento eterno de nada y de todo a la vez. Un paraíso, ahora. Todo un acto de rebeldía.


Piel libre (Maite Martín-Camuñas)

Categoría: La caja negra

Siento que sustituyo la piel,

aquella seda que no bastó

para menguar

tu frígida madrugada.

Cada nuevo intersticio grita

esta otra canción,

esa que ya no te canto,

esa que habla de otra forma

de amor…

No grites…

no susurres…

Mi piel ya no escucha tu voz.

Se acabaron las horas

huyendo.

Llegué a la playa donde anclar

mi pequeña barca…

escapa ya la sombra

de mi pasado.

Desertan la ausencia y la memoria,

en este nuevo paraíso

que me inventé.


Servicios púbicos (Carlos Candel)

Categoría: La caja negra

Una pareja de un hombre y una mujer yacen desnudos sobre una cama. Parecen descansar tras una dura batalla, aunque ambos se muestran felices. Ella reposa su cabeza sobre el hombro de él. Él mira hacia el techo, satisfecho.

MUJER (acariciándole el pubis): Tendrías que recortar un poco todo esto, ¿no te parece?

HOMBRE: ¿Por?

MUJER: Hombre, pues porque no queda bien… no sé.

HOMBRE: ¿De verdad? No me lo había planteado nunca…

MUJER: Pues sí, alguien te lo tendría que decir, dejarlo crecer no está de moda, ahora lo que se lleva es el rasurado… Además, dicen que se ve todo más grande, no sé si me entiendes… (gira el rostro y le guiña un ojo)

HOMBRE: Bah, tonterías… Los recortes no traen más que disgustos.

MUJER: ¡Qué vago eres!

HOMBRE: ¿En serio me vas a hacer estar depilándome ahí cada dos por tres? Dicen que tras el recorte vienen los problemas, los picores, el escozor…

MUJER: ¡Joder! (se indigna, incorporándose un poco) ¡Pues a ti bien que te gusta que yo lo haga!

HOMBRE: Bueno, pero no es lo mismo, lo vuestro no se ve bien… No sé… En tu caso, quedaría raro, ¿no?

MUJER: ¡Pues te recuerdo que antes se llevaba el felpudo!

HOMBRE: Ya, pero las cosas cambian.

MUJER: ¿Sí? ¡Pues por eso te digo que al menos te recortes un poco eso! ¡Aunque sólo sea por higiene!

HOMBRE: ¿Higiene? ¡¡¡Pero si dicen que en realidad nos protegen de enfermedades!!!

MUJER: ¿Quién lo dice?

HOMBRE: No sé, creo que los médicos. Lo leí el otro día en un artículo. Parece que nos tienen engañados con el tema este de la depilación, que al parecer es para vendernos productos y tratamientos, pero que la gente cada vez tiene más problemas ahí abajo. Los recortes no son buenos… Que luego vienen las enfermedades y esas cosas.

MUJER: Pues si lo dicen los médicos… habrá que dejar de recortar.


Servicios públicos (Carmen Paredes)

Categoría: La caja negra

Sobre un banco esperan
su próximo destino
se detiene una mujer 
desechamos:
Guerras en tomos
novelas donde los indios
siempre son los malos
héroes que aplican su justicia
Queda Miau 
se lo asigna la frutera
cruzamos miradas
nos reconocemos
de manifestaciones  y marchas
en defensa de lo Público
y una abierta sonrisa 
acompaña el resto del paseo

La cita (Carlos Lapeña)

Categoría: La caja negra

Por fin tenía la cita con la que encabezar mi relato sobre Servicios púb(l)icos, el tema elegido para La Caja Negra del mes, una sección de la página web de la asociación El Globo Sonda en la que solía colaborar asiduamente. La expresión “servicios públicos” me llevó a la palabra “funcionario” y, de ahí, mi memoria se remontó al siglo XIX, concretamente a Larra y, más concretamente, a su artículo Vuelva usted mañana, publicado en El Pobrecito Hablador. Revista Satírica de Costumbres, bajo el seudónimo de Fígaro, el 11 de enero de 1833.

En el artículo, el periodista habla de la visita de un extranjero que ha venido a resolver unos asuntos con la ingenua pretensión de no emplear en ello más de quince días. La vitalidad y el optimismo del personaje choca de frente con las carcajadas del periodista, quien le asegura que pasarán meses antes de que pueda dar por finalizada su misión. Durante el diálogo que se establece entre ambos, al principio del artículo, asistimos a este momento:

—¡Hipérboles! Yo les comunicaré a todos mi actividad.

—Todos os comunicarán su inercia.

Este breve intercambio de ideas fue el elegido para encabezar mi texto. Me vi atrapado por lo que esas dos frases guardaban detrás de las pocas palabras con que estaban expresadas. Por un lado, la incredulidad del extranjero lo lleva a tachar de exageradas las palabras de su nuevo amigo y, por otro, su convencimiento lo lleva a creer que podrá contagiar su celeridad a quienes lo atiendan. En oposición a la ingenua decisión del extranjero, aparece la categórica afirmación del español, sin resquicio alguno para la esperanza. “Todos” –es decir que asume la hipérbole como realidad en su justa medida, sin resquicio para las excepciones– “os comunicarán su inercia” –la Administración, por medio de sus entes corpóreos que son los funcionarios, no es esquiva, no evita la información; al contrario, responde inmediatamente, pero no para solucionar nada, sino para demostrar en su respuesta la expresión de la naturaleza que la conforma después de años y años de perversión: la inercia–.

Y nada más escribir la que sería la cita estupenda que encabezaría mi relato, pensé en que ciento ochenta y ocho años después del texto de Fígaro-Larra, la Administración sigue presa de la misma inercia, con grilletes de otro tipo, más modernos, tecnológicos, digitales, pero igualmente ineficientes y pedestres… Y excluyentes.

Y alcé la cabeza del cuaderno, dirigí la vista al ordenador, distinguí en su pantalla el listado de documentos que debía cumplimentar y adjuntar a la instancia electrónica, para tramitar una solicitud pendiente –cuya naturaleza no viene al caso–, pero que trazaba todo un circuito cerrado y complejo de empresas cuyo punto de fuga era la Administración, la puta Administración que paga a quien la vende, con sus servicios púbicos –¡oh, sí, no pares, así, más, más…!–, y me sentí decimonónico… Y extranjero… Y analfabeto… Y gilipollas.


El Twitter del Globo