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Autocrítica (Carlos Gamarra)

Categoría: La caja negra

Con ojos de abismo
dos águilas airadas hinchan el tiempo
que va y viene

En el aire delgado que viaja con el tren
un hombre busca a una mujer
… No podía cerrar los ojos y dejar de verla

No sabía que hacer con el amor
quería olvidarla  pero sólo la esperaba
       He mandado quemar sus tristezas

Con la mirada muda
vemos flotar el tiempo en que nos quisimos
 y me quedo a vivir en las tierras de silencio

Fábula del hombre, el lobo, la oveja y el brócoli (Carlos Candel)

Categoría: La caja negra

El hombre llegó hasta la orilla de aquel inmenso río. El caudal era tan inmenso y la corriente tan tenaz que ni siquiera se planteó atravesarla a nado. Asomarse a sus oscuras aguas daba miedo. Menos mal que había un pequeño bote de madera, con él podría alcanzar la otra orilla.

Llevaba consigo un lobo que había criado como compañía desde cachorro, aunque no por ello había perdido su condición de salvaje; una oveja que acaba de comprar en la feria de ganado, con cuya leche pensaba empezar a fabricar sus propios quesos; y un brócoli recién cortado que se pensaba almorzar a medio día.

Trató de subirse al bote con cuidado de no hundirlo, y en seguida comprendió que aquella pequeña embarcación había sido pensada para albergar un solo cuerpo, a lo sumo dos. De forma que no podría trasladarse con toda su carga al otro lado. Tendría que dar al menos dos viajes. Pero… ¿cómo?

Miró a su amigo lobo, que lo observaba expectante, con ese gesto de quien espera una orden inmediata. Después dirigió su mirada a la oveja. Ésta parecía ausente, únicamente preocupada en llenar la tripa. Ajena al peligro que le acechaba en los colmillos de su compañero, mordisqueaba una hierba rala, agostada y sin fundamento.

Aquello le hizo reflexionar. Era evidente que no podía dejarlos solos, que tendría que llevarse primero a uno y luego al otro, pero claro, si se llevaba primero al lobo, la oveja se quedaría sola con el brócoli, se lo comería y se quedaría sin cena. “Uff, ¡qué difícil problema! “, pensó. Hizo un dibujo en la arena para aclararse. Me dio muchas vueltas. La cabeza se llenó de barcas, lobos, ovejas y brócolis. Viajes y más viajes interminables. Y al fin, lo consiguió. ¡Había dado con la solución!

Ya estaba dispuesto a partir cuando regresó su mirada hacia sus compañeros de viaje. Para su sorpresa, el lobo le observaba ahora con el hocico ensangrentado. Se había detenido un instante, con ojillos inocentes, en su quehacer para comprobar si su dueño le daba alguna orden. La oveja, por su parte, se encontraba tirada en el suelo, con el cuello abierto. Aún movía impulsivamente las patas, pero sus ojos denotaban ya la pérdida irrecuperable de la vida. El hombre, entristecido y frustrado, sabía que había fracasado en su objetivo. Tiró el lobo al río y dejó que se lo llevara la corriente. Cogió el brócoli y se subió a la barca, y mientras tanto, reflexionó sobre lo que había hecho mal.

Moraleja: Mientras tú reflexionas sobre tus acciones, otros ya han desayunado.

Apunte del autor: sí, ya sé que en el cuento original, que es un acertijo en realidad y no una fábula, no aparece un brócoli, sino una col, pero es que el brócoli me da que está más asociado a la autocrítica.


Ese tiempo (Carmen Paredes)

Categoría: La caja negra

Ese tiempo disuelto por las sombras

abrazado

a la estatua del dolor

abrazado

a la risa de una máscara

abrazado

a partículas de instante

abrazado

a este tiempo devuelto en coágulos



¿Y por qué? (Javier González)

Categoría: La caja negra

¿Por qué me amenazáis con una palabra compuesta? Los hombres de verdad lo hacen con palabras simples pero contundentes. ¿A quién narices se le ocurrió meter un auto en asuntos de juicios? ¿Acaso se quiso hacer el primoroso insinuando que una opinión, análisis o apreciación deben ir montados en vehículo de tracción motora? ¿Y por qué no decimos a pie de crítica o crítica a pie o a sus pies señorita crítica? Es más sostenible y adecuado. ¿O por qué no acomodarla en una simple crítica sentada? ¿Y si por casualidad hago la intención de realizar una autocrítica paso a estar autocrítico de inmediato? ¿Y si la realizo bajo clave secreta me convierto en un ser autocríptico? Que conste que jamás me molestó una crítica siempre, claro está, que sea edificante. Lo que me irrita sobremanera es el uso de palabras compuestas y menos en asuntos de onanismo tanto oral como analizante.


Soneto para candidatura de altura (Carlos Lapeña)

Categoría: La caja negra

Sabido es que la máxima política  
que todo candidato aprende pronto  
tiene que ver con ser llamado tonto
si presta sus oídos a la crítica.
 
La máxima en cuestión es: “en política  
no asumas los errores, por lo pronto  
mejor es ser inútil que ser tonto
y es mejor no hacer nada que autocrítica”.
 
¿Extraña esto que digo? No hay cuidado.
En un momento gira la tortilla
y cuaja igual por uno que otro lado.
  
Se dice que hubo quien fue descuidado
y autocrítica puso en la tortilla.
No se le ha vuelto a ver por ningún lado. 

Cuadratura (Ismael Sesma)

Categoría: La caja negra

La conversación con Pepi está terminada. Ella ha definido el comienzo, los parámetros de la charla y su desenlace; me deja. Con gesto decidido, firme y triste, cierra la puerta del coche con ese cuidado que se impone hasta en los detalles pequeños. Solo me queda permanecer postrado en el asiento mientras miro como se aleja de mí para siempre.

– ¡Autocrítica, Jose, autocrítica! -el cerebro me machaca con la frase, la escucho una y otra vez de sus labios. No es lo peor que me ha dicho, pero la palabra se queda adherida como una lapa a mi mente.

El tiempo pasa y el mundo gira mientras intento hacerme un plano de situación; vuelvo a estar solo. Por fin, arranco y me incorporo al tráfico. Automatizo la conducción, mi apartamento está apenas a veinte minutos y conozco el recorrido con la precisión de los gestos repetidos. Mi cabeza enlaza pensamientos: Solo hacen autocrítica los marxistas y los católicos; el resto, disimulamos, me digo. Para los marxistas de reuniones llenas de humo en bajeras ocultas era un imperativo, como la lucha de clases, las condiciones objetivas, el desviacionismo o la plusvalía. Ahora los marxistas son especie en vías de extinción y su autocrítica, también.

La confesión es otra forma de autocrítica, pienso, y me sonrío. El juego consiste en recordar tus faltas y hacer propósito de la enmienda. Luego, la noria vuelve a girar. La última vez que me confesé tenía doce años y el ceremonial hacia el confesionario lo asumía con la misma inercia con que encaraba la subida hasta el colegio cada mañana, o pedía la merienda a mi abuela cada tarde.

Recupero la conciencia de la carretera. Ahí estoy, en el carril central, detrás de una camioneta lenta y ruidosa. Otros coches nos adelantan por izquierda y derecha; algún conductor nos mira con gesto feroz.

Aunque quizás la más bonita autocrítica es la de los niños, cuando escriben la carta a los Reyes Magos. Los ves pensando en el contenido de la misiva; miran hacia arriba con ojos brillantes y ponen en marcha sus engranajes mentales, buscando la justificación de sus andanzas durante el año, o repasando sus merecimientos para recibir el ansiado juguete. Luego nos hacemos mayores y nos olvidamos de escribir cartas.

Llego a mi destino y aparco. La conversación con Pepi está envuelta en una niebla que me perturba, como si ya no me perteneciese. Observo mi alrededor, estoy en el barrio de mi niñez; no sabría decir cómo he llegado hasta aquí. Nada es como fue.


Sin reproches (Maite Martín-Camuñas)

Categoría: La caja negra

Nacimos libres de falsedad,

mas nuestras acciones

dislates y fortunas

nos dan un bagaje

sombrío, encaramado

sobre nuestras espaldas.

La culpa nos acompaña

desde la cuna a la tierra

donde anidarán nuestros

huesos.

Pero la carga es externa,

nosotros

nunca observamos dentro

para conocernos.

Es un atisbo que nos turba

y vivimos hasta la muerte

con la maleta a cuestas.


Espejito, espejito (Rafael Toledo Díaz)

Categoría: La caja negra

No sé, a veces creo que me estoy volviendo tarumba, y no, no es por la maldita pandemia y todas las medidas que nos acogotan cada día un poquito más, que también. Lo digo porque en algunos momentos, y ante los retos que proponen los chalados del Globosonda, se me ocurren unas comparaciones que, bien mirado, me invitan a visitar el sofá del psicoanalista.

“AUTOCRÍTICA” ha sido el término elegido por la mayoría para este mes de junio. Y de repente empiezo a jugar con el pensamiento y resuelvo así, a la ligera, que el idioma a través del lenguaje actúa como los elementos del cuerpo humano; es más, sospecho que funcionan de la misma manera.

Me explico, del mismo modo que se multiplican las células, nacen nuevas palabras y así aumenta el idioma; otras mueren por desuso y, como la caspa, se van cayendo del vocabulario popular. Algunas se desarrollan muy rápidamente y no para bien, se comportan como un cáncer. Lo hemos comprobado en la reciente convocatoria electoral en la Comunidad de Madrid, donde de repente empezaron a sonar vocablos temerarios e irreflexivos como: “fascismo”, “violencia”, “amenazas”, “intolerancia”, “provocación”, “bronca”, y sobre todo, “ruido”, mucho ruido como dice el estribillo de una canción de Sabina.

Ahora, y de momento, todo ha quedado en nada, pero esas palabras siguen larvadas, esperando otra vez el enfrentamiento político, total para seguir sin resolver nada de lo que realmente nos importa a los ciudadanos.

Hay palabras que son nombres, artículos, verbos, adjetivos, preposiciones, etc., que están ordenadas por importancia y en función del lugar que ocupan en la frase, aunque todas son necesarias. Si las comparamos con el cuerpo y su anatomía, algunas serán los tendones, las venas, los huesos, la piel, etc., del idioma. Las más sensibles y poéticas se acercan o se comparan con el corazón. Otras son más técnicas y racionales pero imprescindibles para que todo funcione como una orquesta y las situamos en la cabeza, en especial, en el cerebro o en la médula como órgano transmisor. Todas sirven, todas tienen una función especial e importante, una maquinaria perfecta que crece y muere continuamente.

Claro que podemos prescindir de muchas de ellas, igual que podemos prescindir de algunos órganos como el bazo, pero entonces tendremos menos defensas y seremos más débiles.

Algunas palabras definen conceptos imprescindibles para que una sociedad se considere avanzada, si las olvidamos y dejamos de tenerlas presentes difícilmente podemos progresar. Por ejemplo, si prescindimos de democracia, perderemos libertad, si devaluamos la justicia estaremos indefensos, y si renunciamos a la educación seremos cada vez más ignorantes y menos críticos.

Sin el bazo será el hígado el que tenga que realizar su función y así darle un doble cometido. Si disminuimos el número de vocablos estamos condenados a utilizar otros en exceso y así la lengua puede resultar repetitiva y tediosa, o al contrario, termina raquítica a pesar de sus grandes posibilidades.

Pero si voy a lo concreto del asunto les contaré que la otra noche y dándole vueltas al tema, soñé que la palabra autocrítica era como nuestra vesícula biliar, una víscera que necesitamos para hacer bien la digestión. Y sería bueno que todos y en particular las formaciones políticas utilizasen la autocrítica para poder digerir los errores cometidos, que los políticos en su afán de justificarse son muy dados a los eufemismos. Por cierto, su ambigüedad y disimulo son como los perfumes baratos, duran un rato y cada día seducen a menos gente.

Pero no nos engañemos, aunque intentemos ignorarlos no nos son ajenos, simplemente son un fiel reflejo de nosotros mismos, así que menos colgar fotos en el facebook con nuestro mejor perfil y tratar de mirarnos en el espejo para que nos devuelva a la realidad, pero a nadie nos gusta comprobar las imperfecciones que provoca la existencia porque asumirlas forma parte de la realidad diaria.

Qué decir de la prensa en general, una actividad en crisis como tantas otras que se aferra a los sectores financieros como el dolorido se agarra al ibuprofeno, ya saben: la voz de su amo. Menos mal que de vez en cuando algún periodista se da golpes de pecho y hace acto de contrición echando de menos la necesaria autocrítica del oficio, pero éstos son muy pocos y lo hacen en contadas ocasiones cuando ya casi no hay remedio.

Cuántos males y cuánto despilfarro hubiésemos evitado si estos profesionales no se hubiesen adormecido acomodándose a las reglas que impone el dinero y el poder, porque la autocrítica nada tiene que ver con la autocensura que tanto se practica para no molestar. A veces resulta necesario expulsar la bilis para que una sociedad intoxicada o viciada digiera un poco mejor algunas cuestiones.

Sin embargo, mucho me temo que el futuro al que nos conduce esta “Nueva Normalidad” no difiere mucho de nuestra acostumbrada indiferencia y sigamos repitiendo los mismos errores.

El organismo, cuando se debate entre la confusión y la anomalía, suele enfermar. Al lenguaje le pasa igual. Si no lo cuidamos degenera y languidece. Desde hace demasiado tiempo nos conformamos con todo.

Ilustración de Carmela Mayor

Madrid: listas tontas (Maite Martín-Camuñas)

Categoría: La caja negra

Esa alborada                                   me incorporé                                                         con un sabor acerbo                            en el 
abismo de la boca.                             No era por la 
deserción                                      de tus besos,                                                             nada de nada.                                  Cual aire que 
pasa.                                          Comencé a repasar                                                            con la mente alerta                            lo que 
hubo acontecido,                               los besos que 
nos dimos                                      las promesas,                                                               los abrazos bajo el paraguas.                  Y 
aquella lista crecía y crecía.                 Pero 
huía tu sonrisa                                en la vidriera del 
tren                                           al hilo del viento.                                                              Y fui como un tímido                           reflejo de 
mi reflejo.                                    ¡Ay este Madrid 
que nos separa!

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