Adiós y gracias en el aire (Sandra García Arias)

Adiós y gracias en el aire (Sandra García Arias)

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Categoría: La caja negra

Entré la última, de puntillas, casi susurrando y pidiendo permiso. No hubo un timbre al que llamar ni una mano extendida, pero sí una invitación de mi querida Maite y un: “celebramos que te animes a participar”.

Entré a este espacio sin puerta, sin paredes, sin cuerpos. No lo sabía entonces, pero algo dentro de mí ya había soltado un suspiro de alivio.

Era un rincón suspendido en la red. Un no-lugar. Un punto flotante entre nombres de usuario, palabras digitales, emociones compartidas en párrafos que parecían no haber salido de mi interior… pero sí. Un refugio hecho de textos, de voces sin rostro, pero con alma. Allí, un grupo de personas sensibles hilaban su mundo interior con letras, con heridas y maravillas que se convertían en relatos. Yo, una invitada, fui recibida silenciosamente, pero como una integrante más.

Durante un tiempo, ese espacio se convirtió en mi madriguera. Un lugar donde pude liberarme sin dar explicaciones, donde mi imaginación tejió una cuerda de escape. Donde mis palabras seguían necesitando tiempo y reflexión, pero dejaron de temblar al salir. Me sorprendió todo lo que tenía —y tengo— guardado: historias no contadas, emociones sin forma, pensamientos que nadie había escuchado. Allí los escribí. Los dejé caer en la pantalla, como si sembrara una a una, semillas en el aire.

Gracias.

Gracias por leerme cuando yo aún no me entendía del todo. Gracias por enseñarme que también se puede habitar un espacio sin coordenadas ni ubicación determinada y que, aun así, se puede sentir como un hogar.

Leí cada uno de sus textos como quien espía un alma entreabierta. Aprendí de la forma en que ustedes se permiten ser. Me inspiraron. Me llevaron de viaje a lugares que no sabía que existían dentro de mí. Me mostraron otras formas de ver y de entender. Me enorgullece haber sido testigo silencioso de cada uno de sus rincones y de su ser.

Y ahora, toca decir adiós.

Un adiós etéreo, como el hola que fue y como es este lugar. Un adiós que apenas se susurra en las teclas pero que se siente profundo. No me voy por falta de ganas, sino porque así lo dicta el momento. Pero quiero que sepan que lo que encontré aquí no se borra al salir. Me lo llevo conmigo.

Me voy más completa. Un poquito más ligera. Con menos miedo a decir, y más fe en lo que una palabra puede provocar.

Gracias por acogerme sin preguntas.

Gracias por este espacio invisible, pero cierto.

Gracias por permitirme ser parte, por efímera que haya sido.

No sé si algún día volveré, si alguna vez nuestros caminos —digitales o literarios — se cruzarán de nuevo. Pero si así fuera ya no seré la misma, porque esta versión que se despide hoy es alguien que ustedes ayudaron a que naciera.

Hasta siempre,

con la voz entre mis dedos,

el teclado,

y mi corazón en cada una de las letras.


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