Inclemencias quizá metereológicas (Carlos Lapeña)

Inclemencias quizá metereológicas (Carlos Lapeña)

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Categoría: La caja negra

Llovía. Llovía y llovía. La alegría de los primeros momentos dio paso a cierta sensación de hartazgo y a un evidente desasosiego cargado de indefensión, más tarde.

La ciudad se limpió, desde luego, pero de tan limpia empezó a cambiar. Era como si el agua se llevase no solo la mierda, sino el tiempo.

En las alcantarillas no empezaba el mar, sino el olvido.

Viejas pintadas afloraron en muros y fachadas, contra los extranjeros, los maricones, proclamando la ciudad zona nacional, cruces gamadas, puntos de mira… “Con la que está cayendo”, dijo Lucas, sin mucha gracia. “Ya te digo”, añadí yo.

Lo más llamativo ocurrió en la Calle del Empedrado.

La casa en ruinas de la derecha parecía rejuvenecer, se mostraba cada día más lustrosa y se hicieron visibles los colores y signos de su antigua época de esplendor. Rojo y azul, un yugo con flechas en haz, la inscripción: Fuerza Nueva.

“Pero ¿La lluvia es reaccionaria?”, pregunté para mostrar mi extrañeza, “¿riega y nutre las ideas neonazis en alza?, ¿abona el odio?”.

“¿No se supone que es purificadora?”, intervino Lucas.

No esperamos las respuestas, ni a que escampara, porque la casa cada día que pasaba se mostraba más nueva, como reconstruida, y nos daba miedo. No podía ser.

La intervención fue rápida y eficaz.

En tres noches redujimos a escombros la casa. En dos noches despejamos el solar. En una dejó de llover y la ciudad volvió a su rutina encharcada.

La recorrimos de cabo a rabo en busca de indicios insultantes, pero no encontramos ninguno. Entendimos, con cierto alborozo, que habíamos extirpado la matriz tumoral y nos felicitamos.

Ahora, si la ciudad duraba más limpia o aliviada o escarmentada se tendría que ver con el tiempo y sus inclemencias…


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