Y la sequía se hizo carne (Maite Martín-Camuñas)
Categoría: La caja negra

Y la sequía se hizo carne
y descendió como reina de muerte,
con el sol por cetro
y la sed por corona.
Se enseñoreó de la tierra herida,
caminaba invicta,
altiva, inexorable,
montando orgullosa
sobre la espalda reseca
de la meseta agrietada.
Nadie pudo alzar espada contra ella.
Por años, la esperanza se volvió polvo,
los días, un incendio inmóvil,
las noches, un suspiro quebrado.
Pero llegó…
aquel mítico año,
el año en que tembló el destino,
en que el cielo por fin rompió su silencio.
Y llovió.
Oh, llovió.
Con furia de siglos contenidos,
con lágrimas de antiguos dioses,
con la voz profunda de la redención.
Y brotaron los árboles
como si despertaran de un sueño de piedra.
Los pantanos, antes calaveras de barro,
se vistieron de azules eternos.
Las flores estallaron
en una sinfonía de mil colores,
como si el mundo, al fin,
recordara cómo respirar.
Ese fue el año inmortalizado,
el año de las leyendas,
el glorioso,
el invencible…
Año del diluvio.
