Sin título (Sandra García Arias)
Categoría: La caja negra
Decidió dar un giro de ciento ochenta grados a su vida.
Se acabaron los ultraprocesados. Leería las etiquetas y se prometió cocinar con lo que la generación de su abuela hubiera reconocido como comida real.
Dormiría ocho horas, o más si el cuerpo era lo que así le pedía, sin pantallas dos horas antes de acostarse, sin café después de la cena y con la luz cálida que recordaba a las fogatas con las que nuestros ancestros alumbraban y mantenían el calor en sus refugios.
Se movería, se estiraría, entrenaría la fuerza y caminaría bajo el sol y no debajo de los fluorescentes de la oficina.
Prometió no responder ni un correo más fuera de su horario laboral, ni responder el teléfono cada vez que sonara ni volver a tener tendinitis en el dedo por scrollear por tiempo indefinido.
Visualizó su salud mental como si de un jardín sereno se tratase. Con menos ruido estridente, menos culpa, más pausas y más momentos con eco donde el respirar se sintiera como un soplo de aire fresco y no un esfuerzo por seguir manteniéndose en pie.
Imaginó un lugar donde se rodease de personas cuyos vínculos aportan luz y enriquecen su vida en lugar de cargar con más piedras su mochila.
Pensó su plan mientras pedía comida rápida, revisaba las polémicas que se habían creado en los chats de grupos del móvil en la cama y programaba la alarma para dormir un total de seis horas.
Suspiró y murmuró con convicción hacia sí mismo.
—Bueno…pero hoy no. Mañana.
