Zoom zoom zoom (Maite Martín-Camuñas)

Zoom zoom zoom (Maite Martín-Camuñas)

Categoría: La caja negra

Llega diciembre y se animan las tiendas, otra campaña de compras compulsivas y derroche infinito. Los grandes empresarios ya se frotan las manos, llegan los puentes, las vírgenes puras y castas y hasta el nacimiento de aquel niño, que dice nació pobre pero que en su nombre se erigió un imperio que exterminó pueblos y atesoró el oro y las piedras preciosas más valiosas de la historia. La gente ya orea la ropa de abrigo, ventila las bufandas, prueba las botas de agua y se ajusta los gorros de lana. Navegan por los trasteros en busca de los patines y el trineo, pronto llega la nieve, la peregrinación a la montaña, el pedir permiso para deslizarse por la pista blanca. Los niños necesitan trajes nuevos, se les ven las canillas con los del año pasado, todos son nuevamente felices, llegan las fiestas, las reuniones con la familia, las comilonas, los aguardientes, también los villancicos, (aunque ya se escuchan menos) es mejor el reggaetón, o ver “perrear” a las niñas. Las fiestas, diciembre, polvorones, turrones y yemas, la felicidad de los nutricionistas en enero cuando hacen su agosto las empresas de alimentos de dieta. Ya no se mandan christmas para felicitar, con un apaño de alguna foto familiar con un retoque de bolas de colores o un árbol ya se va apañando, que para eso ni tiempo, ni ganas. Y llegan las primeras fiestas, todos preparados para salir a la sierra y el día antes, con los esquíes puestos en los ansiosos pies, se escucha en la televisión (maldito ruido de fondo) que nos cuentan que por culpa de un virus, quedamos confinados en casa hasta el año entrante y sólo nos queda el zoom, zoom, zoom para felicitar a nuestros parientes y amados vecinos.


1 comentario

Susana

diciembre 3, 2020 en 1:56 pm

Me ha gustado mucho. La esencia misma de la Navidad.

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