Recluido, de repente, se me ocurre escribirte (Rafael Toledo Díaz)

Recluido, de repente, se me ocurre escribirte (Rafael Toledo Díaz)

Categoría: La caja negra

Y no resulta nada fácil porque el tema epistolar está obsoleto y ya apenas se escriben cartas. Además, desde que me he puesto a la tarea, he tenido que cambiar varias veces el encabezamiento, pues primero empecé escribiendo a los cinco días de anunciar el “Estado de Alarma” y ahora ya vamos a por la tercera semana de confinamiento obligado, sin visos de que esto se aclare. Ni siquiera me atrevo a pensar en las secuelas porque a poco que razone, creo que será muy duro remontar esta crisis. Y mira que ya llevamos unas cuantas a las espaldas pero ninguna tan rara y tan fuerte como ésta.

Pero lo más extravagante de todo esto es que me animo a contarte algunas cosas a través de estas letras y tú… Tú, todavía no has nacido. Sabemos que estás ahí, que creces día a día y que de repente das alguna patada, pero mejor que por ahora no te enteres de lo que nos pasa. Sólo esperamos que cuando llegues esto se haya relajado un poco y nos permita celebrar tu nacimiento.

De hecho, en estos momentos de tribulaciones tú eres nuestra mayor ilusión, aunque el mundo adonde vas a llegar está muy complicado. Bueno, siempre fue así, cada generación tuvo su aquel, su guerra, su hambruna y sus frustraciones; seguramente la vida es de esta manera, un permanente reto al que debemos enfrentarnos.

Ahora, imaginándote y frente a la pantalla, tecleo y ordeno estas letras que apenas me sirven de alivio y desahogo. Nos hubiera gustado que tu llegada hubiese sido en tiempos de calma y rutina, pero es lo que toca, y aunque estamos asustados, lo vamos a superar, seguramente cuando seas mayor y empieces tu formación, estos tiempos serán materia obligada de enseñanza.

Me gustaría que hablasen en pasado sobre el maldito virus que nos tiene recluidos para prever el contagio. Hay tantas hipótesis, tantas teorías conspirativas y tanta sobreinformación que lo mejor es sacar cuánto de positivo nos está trayendo esta pandemia, y mira que es poco, pero tenemos que agarrarnos a algo.

Ya es primavera, y en estos días tristes y de un silencio extraño tenemos menos contaminación, hemos vuelto a escuchar el piar de los pájaros, si hace frío nos sentimos a gusto dentro del hogar, pero si el sol aparece, salimos a la terraza para aspirar un poco de aire, pero siempre con cuidado no vaya a ser que el maldito bicho ande rondando.

Esta enfermedad infecciosa nos separa, nos aísla y aunque dicen que ataca con más virulencia a los más mayores, ya van apareciendo víctimas de todas las edades y cada día las noticias de los fallecimientos en los hospitales son un mazazo para la moral.

Quiero creerme lo que nos dicen, que esto pasará, y que después seremos mejores porque habremos aprendido lo que realmente importa. A ver si es verdad que este tiempo de obligada reflexión nos sirve de aprendizaje para retomar los buenos hábitos, para disfrutar de la lectura, de la música y de la conversación con los amigos, aunque sea a través del teléfono. Que tenemos la obligación de celebrar la importancia de tener una familia que nos quiere, que nos ayuda y nos entiende en estos momentos de desasosiego. Aunque tengo mis dudas sobre esta necesaria y obligada reeducación, porque no parece que hayamos aprendido mucho después de la pasada crisis financiera.

Mira, tengo tantas cosas por hacer y estoy aquí, parado, bloqueado, porque ni siquiera acabo de centrarme o de disfrutar este tiempo de pausa obligada. Algunas noches me desvelo en la madrugada y me da por pensar en tramas descabelladas, ideas y reflexiones que nadie se atreve a compartir en los grandes medios. Me pregunto: A quién se le fue la mano esparciendo esta maldad, a quiénes beneficia la expansión de la enfermedad, acaso el planeta ha generado esta pandemia para que paremos este ritmo tan frenético, a lo mejor la naturaleza quiere poner un poco de orden frente al consumo desenfrenado que está acabando con los recursos de la tierra.

Se ha parado todo y, mientras, la muerte campa a sus anchas. Las autoridades mundiales nos invitan a un debate moral, ¿qué importa más, la economía o la vida? Así de simple, sálvese quien pueda, “la bolsa o la vida”.

No sé, pero esta inédita y calamitosa situación está sacando lo mejor de nosotros, los afectos, el ingenio, la solidaridad y el esfuerzo titánico de nuestro personal sanitario digno de admiración, pero a la vez, seguro que algunos depravados se están aprovechando de nuestros miedos delinquiendo o acumulando riqueza, especulando a costa de la venta de los artículos y los equipos básicos que ahora necesitamos. También es verdad que a medida que se suceden los trágicos acontecimientos muchos personajes y, sobre todo, aquellos políticos que solo ejercen la crítica y ponen palos en la rueda quedarán retratados por su ineptitud e ineficacia. Es evidente que esto de la globalización o la elogiada idea de Europa no tiene sentido si no existe la solidaridad entre los pueblos, y creo que después de que pase este momento crítico deberíamos reflexionar sobre esto.

Mira, criatura, no quiero extenderme más y espero que esta situación no te afecte, ya sabes, tú ahí protegida por la placenta e ignorante de nuestra tristeza.

Estoy seguro que tendrás una vida plena por delante, te recomiendo disfrutar de la belleza de los atardeceres, del aire fresco del amanecer, del sol, del aire o de la lluvia. Cuando veas por primera vez el mar te impresionará su inmensidad y la placidez de las olas rompiendo en la arena. Me gustaría que disfrutases con la literatura, con la pintura, con el cine, con el teatro y que algún día conozcas el amor y la amistad.

Te confieso que, aunque soy bastante frío, tengo un saco de lágrimas de alegría preparado para tu nacimiento. Quiero, necesito, creer que, aunque sean tiempos comprometidos, vienes a un mundo mejor.

Fdo: Rafael Toledo Díaz


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