Odio al fuego (Carlos Candel)

Odio al fuego (Carlos Candel)

Categoría: La caja negra

Las llamas emergieron violentas, como enormes garras, desde el corazón del Incendio. Devoraban todo cuanto encontraban a su paso, como siempre lo hacen. A su paso, iban dejando un manto humeante de cenizas grises y negras. Nada escapaba a su fiereza. Los habitantes del pueblo contemplaban paralizados el látigo rojizo que azotaba sus bosques. De vez en cuando se miraban unos a los otros de reojo, pero nadie hacía nada por sofocar las llamas. Allí no había héroes, ni bomberos, ni rescatadores, ni nada que pudiera o tuviera intención alguna de acabar con aquel desastre… El Incendio estaba desatado y no iba a encontrar ya oposición alguna a su ardiente destrucción. Cuando las llamas alcanzaron el pueblo y ya no tenían nada de lo que alimentarse, uno de los vecinos presentes, abandonó la línea de fuego. Todos los presentes lo vieron cruzar el umbral de su casa y perderse en el confortable hueco que no tardaría en ser engullido junto al resto de casas. Al rato apareció portando varios objetos. Álbumes de fotos viejas, marcos descoloridos, diapositivas cubiertas de polvo… Caminó decidido hacia el fuego y lanzó todo con rabia, tras la mirada perpleja de todos sus vecinos, que habían pensado que, tal vez, hubiera ido en busca de algún cubo de agua o una manguera. Los objetos no tardaron en perderse en el interior del Incendio. Inmediatamente después, otra vecina corrió decidida a su casa y extrajo de ella un buen puñado de ropas apolilladas para arrojarlas también al olvido eterno de las llamas. Con aquellos dos inesperados gestos descubrieron que el Incendio avanzaba sólo si tenía cosas que devorar. De manera que no tardaron en abandonar el lugar el resto de vecinos, para regresar después con objetos de todo tipo, recuerdos del pasado, para que las llamas hicieran su trabajo. Y así, uno tras otro, vaciaron sus casas de rencor, miedo y malos recuerdos. Y así fue como el Incendio, una vez más, les ofreció un nuevo comienzo. Y sólo después, se extinguió, hasta el verano siguiente.


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