Puente (Javier González)

Puente (Javier González)

Categoría: La caja negra

( Una mujer salta la barandilla de seguridad del puente dejando su cuerpo expuesto al vacio. Clava su mirada en las aguas frías y turbias de un río denso y esquivo. Un hombre se acerca a la altura donde está la mujer)

HOMBRE – Hoy no lloverá. Será un día soleado. Un buen día, en definitiva (La mujer no responde). ¿No tendrá reloj por casualidad? …No es necesario que emita sonidos, con negar o afirmar con la cabeza me es suficiente.

MUJER – (Mira su reloj) Once y media.

HOMBRE – Buena hora… (Mira el río) Siempre fue un agua opaca y tenebrosa. Por otro lado, dicen que es lo habitual en ríos muy profundos y de imprevisibles corrientes.

MUJER – No soy de aquí.

HOMBRE – ¿No hay puentes con ríos sospechosos en su ciudad?

MUJER – Le rogaría, si es tan amable, que dejara de hablarme u continuara su camino. No pierda el tiempo conmigo.

HOMBRE – Por mi no se apure… ¿Tiene hijos?

MUJER – Los tuve.

HOMBRE – ¿Murieron?

MUJER – Los imaginé.

HOMBRE – Vivimos de suposiciones, ¿verdad? Solo la muerte es certera.

MUJER – No sé. No hilo definiciones.

HOMBRE – ¿A qué se dedica?

MUJER – Estoy de paso.

HOMBRE – Ya es bastante, no crea. Hoy va a ser un buen día, ya verá.

MUJER – ¿No tiene nada mejor que hacer?

HOMBRE – Para hoy solo tengo un propósito.

MUJER – Pues aférrese a él.

HOMBRE – Desde esta altura, el impacto contra el agua debe de ser demoledor como el golpe maestro de un verdugo…

MUJER – ¿Definitivo?

HOMBRE – Yo diría que sí. Al menos lo justo para no recuperar la consciencia mientras los pulmones se encharcan de agua gélida.

MUJER – ¿Intenta persuadirme?

HOMBRE – Dios me libre. Solo le facilito información de primera mano.

MUJER – Me gustaría estar sola.

HOMBRE – ¿Qué hora es?

MUJER – Se la dije antes.

HOMBRE – Querida. El tiempo jamás queda quieto.

MUJER – (Mirando de nuevo su reloj) Once y treinta y ocho.

HOMBRE – Le agradecería que me avisara a las once y cuarenta. ¿Quiere que llame a su marido?

MUJER – ¿Perdón? No estoy casada.

HOMBRE – ¿También lo imaginó?

MUJER – ¿A quién?

HOMBRE – A su marido.

MUJER – Se lo pido por última vez. Déjeme en paz. Sola. No tengo marido, no tengo hijos. No tengo nada. No soy nada. Estoy de paso, siempre he estado de paso. Si quiere saber la hora, coja mi reloj yo no lo necesito. Pero váyase de una vez.

HOMBRE – Me gusta. Tiene carácter. No sé qué la ha llevado al lado del abismo. ¿Un desamor, quizás?

MUJER – Por favor.

HOMBRE – La vida por sí sola no es suficiente, ¿verdad?

MUJER – Qué sabrá usted.

HOMBRE – Más bien poco. (Mira el reloj de la mujer) Once y cuarenta. (El hombre, sin mediar mas palabra, se lanza al vacío para caer sin emitir sonido alguno al agua que engulle su cuerpo sin dejar rastro de él)
(La mujer no puede dejar de mirar) (Con lentitud vuelve al lado seguro de la barandilla)


1 comentario

Maríjosw

junio 8, 2019 en 6:56 am

Me ha impactado, corto e intenso

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